01 febrero 2015

Chuleando palabras (pimping words)

Es curioso cómo prostituimos a las palabras. Hace 20 años ser austero era vivir con pocas cosas y con disciplina. Hoy significa amenazar a otros para que se quiten el pan de la boca y te paguen los lujos a ti y tus amigotes. En serio, la generación de nuestros padres habría flipado de ver manifestaciones "contra la austeridad". ¿Cómo se manifiesta uno contra una cuialidad? Es como manifestarse "contra madrugar" (que bien pensado...) obviamente, la diferencia es que alguien cogió a "austeridad", la vistió como una puta, y empezó a pasear la por los titulares de las agenciras de prensa.
"Libertad", "Responsabilidad", "Valores", y en general cualquier otros significante transcendental, visto por los fabricadores de discurso del sistema.

Algo parecido pasó con Max Weber y cómo le puso los tacones y la mini de leopardo a la responsabilidad. Ahí tenemos a rajoy y compañía sosteniendo que dejar que la gente se muera por ahí es "responsabilidad". Hace falta, en efecto, un buen aparato teórico que soporte semejante contradicción.


Estando eso de la filosofía asentado en casa, desde zagal había una duda que me torturaba. Yo escuchaba, especialmente, al personal del grupo de confirmación hablando de la gente "cínica". Me costó mirarlo un puñado de veces en el diccionario hasta entender qué demonios querían decir. A mí en casa me habían enseñado que los cínicos eran los colegas de Diógenes de Sinope (no sirope, ojo), un señor majísimo que se había tirado un porrón de años en Atenas viviendo en una tinaja medio en pelotas y sin posesiones materiales, mientras gritaba por la calle que buscaba "un hombre" (en el sentido de hombre honesto, no en el sentido de la hamija que buscaba a Jack's). Por qué se entiende hoy que un "cínico" es "alguien que dice una cosa y hace la contraria" es algo que me tortura hasta nuestros días.

Al contrario, se dice que alguien aguanta "estoicamente" la vida cuando soporta las adversidades con paciencia y sencillez. Irónicamente, los estoicos que más he conocido (gajes del oficio de filólogo) han sido Séneca, Cicerón, y en general, casi todos los romanos aficionados a la filosofía. En todas estas figuras coincide el haber predicado sobre la rectitud moral y la austeridad mientras vivían ricamente en sus mansiones sin privarse de lujos ni de la compañía de los poderosos.

-¿Pero espera, no llamábamos "cínicos" a los que decían una cosa y hacían otra?

Sí, pero si filosóficamente no le vemos demasiado sentido al invento, mejor verlo desde otro punto de vista: cuando el cristianismo desembarcó en Roma, necesitó entroncar filosóficamente con algo compatible con la moral puritana y censora que acompañaba al nuevo culto. Encontraron dos ancillae theologiae estupendas: el idealismo de origen platónico en el plano teórico, y el estoicismo en el moral.

¡Amigo Sancho, con la iglesia hemos topado! (por cierto, frase que incluso ahora yo estoy prostituyendo respecto a su significado original, y es que somos todos unos chulos)

Y así, la filosofía de señoritos que cuando veían a alguien tirando en la calle le decían "¡si es que el mundo es un valle de lágrimas!" y seguían su camino a la siguiente fiesta se convirtió en un modelo de integridad y responsabilidad, mientras que el cinismo, esa idea de sacudir la sociedad buscando simplificar la vida humana para hacerla menos dependiente de las cosas y las convenciones sociales, se convirtió en una filosofía de "farsantes".

Y así nos pasa, que en España cuando alguien se encuentra mal, te dice que no se encuentra muy católico, puesto que catolicismo es salud, y que tiene que ver con nuestra idea de hacer las cosas como Dios (y el leñor) manda. Pero no pensemos que es cosa sólo de la cultura española. En el mundo anglo, mucho más que en el nuestro, se da la cosa de llamar a los amantes de los placeres de la vida, y especialmente del vino, "epicúreos".

Los epicúreos son, efectivamente, si uno se fía de lo que se dice escolásticamente, otra panda de viciosos farsantes que fueron, gracias a Dios, barridos de la faz de la tierra por la natural superioridad de la doctrina estoica. Sin embargo, cuando uno se pone a traducir el prólogo de la increíble De rerum natura de Lucrecio, el hombre te cuenta, a las primeras de cambio, para qué sirve la doctrina de Epicuro, y más adelante, en detalle, en qué consisten esos "placeres de la vida", que han llevado a que un montón de vinotecas de EE.UU. se llamen "Epicure".

-¿Y entonces, hay botellones filosóficos para esa panda de libertinos?

Siento decepcionar, pero de lo primero que habla el amigo Lucrecio no es de cómo hacer un cali wai y emborracharse por menos de 8 euros, sino de que la naturaleza está formada por átomos, y (física mediante en la que ahora no voy a entrar), que los hombres deben vivir libres de temor a los dioses, y que es un gran placer vivir sin miedo. Resulta que vamos buscando placer, y esta gente nos regala... ¿libertad? ¿Qué clase de terroristas malvados son estos? Total, al final, resulta que los grandes placeres a los que se referían los epicúreos eran la amistad, la conversación, y el dominio de las pasiones, que son las que traen la infelicidad (alguien podrá notar el parentesco aquí con la doctrina de Buda, aunque bien adaptada a la cultura mediterránea).

Para que uno se haga a la idea... ¿el ministro Fernández Díaz? Pues Epicuro y sus seguidores eran todo lo contrario, de ahí que la doctrina cristiana se afanara en ponerlos como peligrosos etarras para la historia, y garantizar que llegase a ministro el Onvre capaz de ponerle medallas policiales a la virgen mientras dice que todo es eta, menos el franquismo y la virgen.


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