13 diciembre 2014

El odio siempre vuelve. Da igual lo que intentes

El otro día en la prensa mexicana comentaban la última jugada de nuestro querido meapilas-condecorador-de-estatuas-tertualiano-paleto-opusino-mono-con-dos-pistolas. Me llamaba la atención ver qué opinaban del invento nuestros parientes del otro lado del charco, y me llamó la atención un comentario, de un criollo que al parecer pretendía vengarse de algún tipo de ofensa traumática:
"Eso sí que es una república bananera". 

Me vi obligado a corregir justamente a este personaje, diciéndole, que de república esto no tenía nada.

 Y es que cuando crees que ya nada te sorprende, entonces la mierda empieza a sobrevolarte como si migrara a climas más cálidos a pasar el invierno.



Una vez más, lo que más me sorprende no es lo impresentable de los impresentables que se dedican a ser impresentables, sino la enorme ignorancia, apatía, y vegetalidad de la inmensa mayoría de la gente, lo que viene a equivaler a estar conforme con toda esa mierda.

Todo esto a cuenta de la última racha épica que vivimos: 

El partido gobernante en nuestro país es una organización criminal, dedicada a la malversación de caudales públicos, el cobro de sobornos, el fraude fiscal y otras lindezas. La policía nacional custodia su sede pagada con dinero negro, no sea que el malvado populacho vaya a estropeársela. Claro que tiene su sentido, dado que también hace años que una tanqueta custodia la embajada de nuestros mamporreros amos, los que tienen agentes en nuestro territorio y hacen nuestras leyes de propiedad intelectual (¿"propiedad intelectual"? ¿Hay dos palabras que se lleven peor?). La mafia llama a la mafia.

Esa misma organización criminal es la que como dice el tópico hecho famoso por escolar: el pp no cambia de abogado cuando un juicio va mal, cambia de juez. Era cuestión de tiempo que dieran el próximo paso, que total con la comisión sinde ya lo llevan haciendo años: pasar directamente de jueces, que a veces son decentes, o peor aún, competentes.

De ahí, y de la gran nostalgia que sienten de la dictadura, viene su nueva ley mordaza, que básicamente consagra el estado policial, en un curioso cruce entre nuestros años 50 y los cómics de juez dredd. Claro que en este caso no hay malos malosos mafiosos (esos entran y salen de la cárcel de forma casi simbólica, cuando no se les regala la nacionalidad por comprarse una casa), sino jipis, rojos, personas alfabetizadas y demás ramas de la eta.

El engendro legal en sí no merece la pena comentarlo a estas alturas, ya lo ha hecho gente mejor preparada y con más dotes para hacer cosas bonitas. Es una más de una batería (código penal, tasas judiciales, nueva novísima ley de la propiedad intelectual impuesta por nuestros "amigos" amiericanos) de decretos por los que se quiere mejorar la calidad de nuestra distopía. En fin, un país gobernado por una serie de carteles mafiosos, donde hay una constitución suspendida de facto, pero que mola mucho usar como arma arrojadiza.

Resulta difícil esperar otra cosa en un país donde a la avalancha de ministros del Opus Dei se la ha llamado... Tecnocracia. Irónicamente, en tiempos de Franco había algunos que realmente tenían un perfil de especialista titulado, pero hoy en día no son más que unos meapilas aficionados a meter la mano en la caja mientras ponen cara de santurrón.

En fin, resulta cruel, porque uno siempre intenta razonar con los indepes sobre la importancia de salvar un proyecto de vida común, y de tener un país que pueda ser una potencia intermedia en lugar de pequeños paisillos en los que cualquiera se mea, como ha pasado en yugoslavia. Pero cuando tiene uno que vivir estas cosas, no puede menos que comprender que cualquiera que ni medio sospeche que hay una forma de retirarse de este juego de anormales, esté entusiasmado ante la idea de largarse. 

En fin, ya podemos espabilar...

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