27 septiembre 2012

Nos hemos dado una democracia en toda la cara

Addendum a la entrada anterior para terminar desbarrando, bella y entretenida ocupación:

Conviene discutir brevérrimamente una frase que aparece con 1000 variantes estos días: "Esto se está convirtiendo en una dictadura".

Falso. Hace años que vivimos en ella. Quizás esta sorpresa viene porque hollywood ha conseguido convencernos de que su ficción es más real que nuestra historia. Su ficción ochentera de rambos en afganistán y cubanos invadiendo la costa este. No hablamos del dictator de la antigüedad. Llamaremos aquí dictadura a lo que clásicamente se ha conocido como oligarquía y monarquía (con oligarcas), esencialmente.



Recuerdo una conversación en la época americana con un aborigen, quien me hablaba con genuina preocupación del infierno que debía haber sido para los españoles una dictadura de 40 años. Intenté explicarle, como buenamente puede quien no lo ha conocido de primera mano, que no era como en las típicas películas reaganianas donde un superhéroe ario llega, y palizas mediante libera al buen pueblo de una opresión diaria llena de violaciones y expropiaciones de pequeños negocios (Los hombres perdonan antes la muerte del padre que la pérdida de su fortuna, que decía maquiavelo). Que la dictadura era un organismo que permitía la vida pegada a su lomo de muchos pequeños animales, hasta tal punto que los herederos de la nomenklatura franquista gobiernan con mayoría absoluta (entonces aún no lo hacía, pero eran el segundo partido más votado igualmente, lo que ya debería ser para hacérnoslo mirar).

Contrariamente al estereotipo, la gente en una dictadura seria no se levanta bajo los palos de un policía. Como bien saben nuestros padres y abuelos, la persona que vive en una dictadura se levanta por las mañanas, desayuna si puede, lee la prensa o ve la tele, o escucha la radio, se lava los dientes, se viste, se va a trabajar o a estudiar, o a buscar trabajo, vuelve, cena con su familia, hace el amor, los fines de semana quizás hagan alguna actividad de ocio: ir al cine o al teatro, o hacer deporte, o ir a ver el fútbol, o cualquier otra cosa. 

Hay personas que viven bajo una dictadura y pueden no sentirla directamente en su piel durante años. El observador externo bien puede notar que esa prensa, esa tele, esa radio, dedican mucho tiempo a hablar de las virtudes del gobierno, al que gusta confundir con la nación; que ese lugar de estudio está condicionado no a formar a las personas, sino a montar las piezas de un sistema; que ese trabajo depende en mayor o menor medida de no significarse contra el gobierno, y de ahí depende tener cena; y sobre todo que todo el ocio, incluso hacer el amor, estará bien visto y hasta fomentado siempre y cuando no distraiga de la necesidad de enriquecer al sistema, y sirva para evitar cualquier oposición organizada.

En las buenas, por tanto, una dictadura es casi intangible. Ahí está si no nuestra academia de la historia, que, llena de paniaguados del franquismo no es capaz de encontrar ninguna dictadura en ese periodo. Pero cuando vienen mal dadas, una dictadura no asigna los recursos económicos más que en función del poder político, y por tanto las sobras que se dan al populacho empiezan a escasear.
Es ahí cuando empiezan las protestas, y cuando se ve quién es realmente el estado, y muchos que pensaban que esto era otra cosa, de golpe se encuentran ante el desierto de lo real.

Hace años, sin embargo, que en españa cuerpos como la policía nacional y la guardia civil son investigados desde el extranjero por torturas, que actúan de manera ajena a cualquier imperio de la ley a petición de los sátrapas de turno, y que se purgan por el interior, tratando de marginar o incluso expulsar a los elementos que ven esto como anormal en una supuesta "democracia". Si alguien me va a decir ahora que independentzia es guay por la represión de españaza 1940, deberé recordar que la ertzaintza y los mossos (me encanta eso de llamar mosso a un policía) están por lo menos igual de en el ajo. Nadie quiere inventarse una nación para no mandar.

Lo que pasa es que mientras los que se manifestaban eran perroflautas, borrokas, jipis, etc., a nadie le ha importado. Incluso se nos ha adoctrinado en que era normal que un juez tuviera que darte permiso para manifestarte, y si no paliza al canto. Y también en que es normal que los gobiernos convoquen manifestaciones (donde obviamente no te pegan). Pero ahora que, como decía el caudillo, "haga usted como yo y no se meta en política" ya no funciona, le vemos las orejas al lobo.

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