15 agosto 2011

Manifiesto para el 17-8

No faltan comentarios sobre lo sectario, malvado, radical, etc. de la "marcha antipapa", como muchos se empeñan en llamarla. Se prestan grandes oídos mediáticos a católicos escandalizados por el "paletismo" de aquellos que "no quieren dejar a los católicos expresar públicamente su fe".

Siento desilusionar a los que quieren sentirse mártires. No nos ha traído eso aquí.

Personalmente, sin embargo, sí me preocupan ciertos argumentos de los aquí reunidos: hablar de los escandalos relacionados con la homofobia o la pedofilia, por poner un ejemplo. No porque apruebe tales conductas, sino porque llego a sospechar que si la iglesia católica no tuviera tales defectos habría personas que verían esto con buenos ojos. Cuando lo que nos pasa es que nos sentimos robados.


La razón de que estemos aquí los que estamos, en lugar de habernos quedado en casa o en el bar comentando lo que nos parece el evento, no es un motivo religioso. Si quieren expresar su fe, háganlo, en serio. No tienen garantías de gustar a nadie, pero sí de que no se les censurará por expresarse respetuosamente. 

Eso sí, se asume que cada cual, cuando se reúne para hacer algo, no lo hace con el dinero de gente que no quiere tener nada que ver con el asunto. Y sobre todo, no lo hace a costa de quitarle a otros lo que es suyo. En serio, yo cuando voy a Madrid, me pago mi viaje y mi comida, o al menos alguien me invita, pero voluntariamente.

Lo que nos trae aquí, por tanto, no es que nos moleste que se reúna Benito XVI con quien quiera, que es libre de hacerlo (como lo es todo el mundo salvo que quiera ir a la Puerta del Sol o la Carrera de San Jerónimo en según qué fechas), sino que se haga a expensas de un derroche de dinero público. Es decir, de nuestro dinero, marquemos la casilla que marquemos en la declaración de la renta.

Porque cuando la Comunidad de Madrid reduce en dos años la plantilla de docentes públicos en 5000 personas (por citar un punto llamativo del multimillonario recorte en curso), encontramos injustificable que se abran gratis los colegios e institutos en agosto para uso y disfrute de la Iglesia. Y encima que vaya la Iglesia y cobre a los peregrinos por ese alojamiento.

Porque cuando el transporte urbano sube un 35% (el metrobús) y un 50% (el billete sencillo), encontramos injustificable que a los peregrinos se les haga una rebaja del 80%.

Porque cuando las autoridades suspenden a su antojo la libre circulación de los ciudadanos por los espacios públicos, encontramos injustificable que se corten calles y plazas y se desmonten paradas de autobús para reservar espacios públicos para un acto de unos señores particulares.

Porque cuando se nos está hablando de la caída de ingresos públicos por el fraude sistemático de las grandes fortunas, encontramos inadmisibles las bonificaciones fiscales para las empresas patrocinadoras del evento. Es decir, el estado está renunciando a dinero, dinero del erario público, de todos, para animar a que se financie una fiesta de unos pocos.

Y porque simplemente, encontramos inadmisible la engañifa de decirnos que un evento donde no se paga el alojamiento, ni el transporte, y se desgrava al fisco es "una oportunidad económica estupenda para la ciudad". Porque incluso si asumimos que en tales condiciones alguien va a hacer negocio, estamos cansados de que nuestros impuestos sirvan para pagar el negocio de unos, mientras nos dicen que es un lujo mantener los servicios básicos que teóricamente están protegidos por esa Constitución con la que todos se llenan la boca cuando quieren hacerse los dignos.

Por todo esto hemos venido aquí, a mostrar a los organizadores de este despropósito que su mangoneo no es bienvenido, ni aceptado, ni tolerado, y para hacer ver a los peregrinos que han venido aquí con su mejor fe, que están participando en un abuso para que el común de la población pague los fastos y la propaganda de un grupo de personas que se quejan de "laicismo radical" cuando no se les da barra libre, y de "persecución" cuando no tienen el sello del censor.

Así que expresen lo que quieran, pero saquen la mano de nuestros bolsillos, y dejen que nuestras escuelas y demás servicios públicos sirvan para lo que tienen que servir.
Todo esto ya ha sucedido, y volverá a suceder (si se financia, claro)

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