18 agosto 2011

17-8: la crónica


Después de tres meses viendo manifestación tras manifestación pasando por el monitor (obviamente no por la tele ni por la prensa escrita), cada una con sus convocatorias, vídeos, comentarios, críticas, más vídeos de palizas policiales etc omnia, por fin tuve ocasión de participar en persona en una. Una además, con un contenido muy concreto: la organización de la Jornada Mundial de la Juventud por la Iglesia católica, con generosa financiación y prebendas por la cosa pública.

Si alguien anda como todos nuestros gobernantes, sin saber por qué alguien querría manifestarse contra algo tan entrañable como tener aprendices de hooligan por las calles una semana, léase la entrada anterior, que creo que quedó claro.

Al grano.


Llegamos sobrados de tiempo, por eso de si éramos cuatro no desmotivarnos por impuntuales. Y a medida que se acercaba la hora, más y más gente se iba metiendo en la plaza de Tirso, prácticamente a presión. Estaba nada más entrar el chiringuito de Leo Bassi, aludiendo a un debate imaginario entre S. Hessel y Benito XVI*. A la derecha, frente a su sede, los anarquistas de la CNT. En la zona central, muchas jurgonetas de prensa. Más allá, se concentraban los de la organización, con sus petos y preparando la cosa, y del otro lado, cristianos con sus pancartas (evangélicos y también católicos). Todo hay que decirlo, los que más cojones le echaron.

Había mucha gente no-joven, incluyendo un señor en su silla de ruedas, un grupo de ciegos que iban con sus bastones y su guía, familias completas (¿familias que no val al foro de la familia? ¡Traidores!), por supuesto, perrofláuticos y punketes de la estética más sucia y borroka, gente de traje, gente de camiseta, frikis varios, estudiantes, respetables señores que NO son de misa los domingos... En fin, una muestra bastante fidedigna de la sociedad, si no fuera por la clamorosa falta de canis-bakalas-etc., (la gran mayoría del mundo real) pero por desgracia creo que no captaron la convocatoria. Qué mala suerte. Como veremos a continuación, las agrupaciones de homosexuales (y la larga lista de iniciales que añaden) también aparecieron, dándole un toque currado a la cosa.

Entonces pasó el “papamóvil” de broma. Hay quien tilda esto de provocación. Posiblemente no le falta razón, pero cabe recordar que la Iglesia Católica se ha puesto a los homosexuales en contra a base de provocaciones mucho más ofensivas que un par de disfraces de los chinos y una carroza tirada por bicis. Quien siembra vientos recoge tempestades, que se dice por estas latitudes. Pasaban también repartiendo pancartas. Nos hicimos con una, mientras me di una vuelta repartiendo. Nada muy espectacular, pero eran decentes, pal caso.

Y a partir de ahí, las 19:42 de la tarde, el caos. Al parecer las previsiones de la organización se habían pasado de humildes: el número de asistentes se había triplicado y Tirso no bastaba. Gente que ya era consciente se había concentrado directamente en Benavente, una calle más arriba, y todos los alrededores estaban colapsados. Así que el comenzar a moverse fue lento y penoso, intentando meter todo ese gentío por dr. Cortezo.

Cuando llegamos a Benavente, una plaza mucho más despejada que Tirso, se pudo empezar a ver la envergadura del antonio. Y entonces, el momento surrealista. De repente aparecen, como viniendo de un lateral, los organizadores con la pancarta de cabecera. Doblada. Vienen a toda prisa y apartando a la gente. “Es que estáis delante de la cabecera”. “¿Qué significa delante?” Pregunto sin respuesta. Despliegan a medias la pancarta, y siguen avanzando de lado, hacia la calle de la Bolsa, mientras dicen algo de “alcanzar la cabecera”. Enigma total. El caso, que seguimos hacia la calle Carretas, a ritmo tortuguil. A mitad de calle, ya eran las 9:10. Me he enterado después de que la dificultad radicaba en que una horda de cabecitas naranjas había taponado la salida a sol gritando consignas ultras, hasta que habían sido retirados por la policía.

Como fuera, finalmente conseguimos entrar en la puerta del Sol. Ahí por fin era posible apreciar el tamaño real de la manifestación. Y hacer un intento de recuento. Dada la extensión que veíamos (toda la Puerta del Sol más el río que seguía bajando por Carrretas) y la densidad (en aquel momento sobre las 2 personas por metro cuadrado), era fácil deducir que las previsiones de los organizadores y policía eran ridículas. Tómese nota de esto cuando se lea en un periódico 5000 personas: más cabía hablar de una cifra a partir de los 12000. Pero de los de verdad, no de los millones de las manifestaciones del pp. Los 5000 eran la previsión, que se ha mostrado en la práctica ridícula. Los cálculos realistas oscilan finalmente alrededor de 15.000, que para agosto en Madrid, y con las subidas en el transporte público (no como otros, ejem), y con el gobierno local, regional y nacional en contra, no está nada mal.

Como era de esperar, en Sol se rompió la manifestación. Por un lado, por el magnetismo perrofláutico que ejerce la plaza como meta, y no tan perrofláutico. Por otro lado, porque la continuidad de la marcha fue rota por los comandos de ultras papistas que intentaban continuamente hacerse con los accesos a la plaza, ante la simpática mirada de la policía. Así que para nosotros, ahí se terminó la manifestación. Al poco rato, la primera carga, y a partir de ahí, pensamos que sería más prudente retirarnos, ya que a las batallas se va a intentar ganarlas, no a llevarse una paliza y que luego digan en la televisión que “mira los violentos” (nota mental, la próxima vez, ya que nos van a llamar violentos igual, deberíamos aprovechar el tirón y meterle fuego a un par de lecheras y edificios de la comunidad).

Tras la cena, un epílogo que se expresa por sí mismo: bajaban ultras italianos y franceses y algo como ¿suizos? Por la calle Atocha, mientras nosotros íbamos tranquilamente comentando lo que estábamos viviendo. Los ultras, mientras tanto, gritando consignas y agitando banderas, como dejó mandado nuestro señor Jesucristo para el perdón de los pecados. Y así íbamos, escuchando una santidad a la que sólo le faltaban vuvuzelas, cuando al pasar junto a la altura de la plaza del Conservatorio (hospital de san Carlos), vemos varias lecheras de los nacionales, y un grupo de señores (/as) ya entraditos en años discutiendo con los policías. Paramos a preguntar qué pasaba. Tras un momento de recelo, nos explicaron la cosa: simple pataleo. La rabia de ver a los policías sonriendo y jaleando a los radicales del cabo Razinger, mientras, como ellos decían “sus compañeros están pegándole una paliza a nuestros hijos por salir a la calle, mientras a estos que van armando escándalo les ríen las gracias”. Decidimos quitarnos de enmedio atajando por la dicha plaza.

En el semáforo para pasar a la estación, cúmulo de cabezas naranjas. Y de golpe, entre ellos, vemos una de las pancartas de la manifestación. Nos acercamos. En efecto, era un grupo de perroflautas-punketes. “Coño, si queda gente normal en madrid” “Aquí vamos, no os separéis mucho”. Bastaron un par de consignas sencillas en voz alta para que los aprendices de hooligan que nos rodeaban se vieran, de golpe, en un país extraño, metidos en un conflicto político sobre el que nadie les había dicho nada mientras los enviaban como carne de cañón, y frente a un grupillo de gente bastante más mayor que ellos y con bastante poca cara de celebración, y es que no tiene ni puta gracia que te corran a ostias para poder dejar las calles despejadas para las bandas de radicales.

Después, castigo de Dios: viaje hasta la madre patria en un tren lleno de cabecitas naranjas, gritando, cantando y quitándole el sitio a las señoras y la gene que llevaba maletas mientras ondeaban banderas dentro del tren, como manda el evangelio de nuestro señor Jesucristo.


*: por suerte el debate era imaginario, porque personalmente creo que habría dado vergüenza ajena ver al cabo Ratzinger, doctor-que-te-cagas en teología, vapuleando al bueno de Hessel, que será “mu wena hente”, pero tiene un bagaje intelectual bastante limitadito. Fallo ahí de Bassi al buscarse campeón para el combate.

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