08 febrero 2011

Madrid 451

Comentábamos hace poco por ahí las historias de nuestro amigo argj! y cómo de la combinación de su odio a la música y a las finanzas había nacido la prohibición de tocar en bares en madrid. Pero nuestro buen amigo no se conforma. Todavía quedaba mucho por prohibir, y es que la mayor parte de madrid no son bares (aunque casi). Así que aquí está su nueva gracieta: prohibir toda música en la calle.


-Mira, otro intentando hacer muzica de esa o como se llame. Achucha el lanzallamas.


¿Toda? No, aquellos que tengan "licencia" podrán hacerlo, por supuesto. Lo que es inadmisible es que un cualquiera pueda ir a la calle, donde le escuchan, y expresarse. Y gratis, sin pagar al ayuntamiento. Como si el nuevo palacio imperial de argj! fuera a pagarse solo, vamos.



Pero en oz odio a loz trez hemos encontrado la verdadera causa de estas pajas mentales: todo este tipo de maniobras son, en realidad, parte de un plan para revitalizar el cine español. ¿Cómo? Por la vía del cine de distopías futuristas, pero abaratando costes haciéndolo documental. Y de paso, todo con muchos permisos del alcalde, o lo que es lo mismo, "hay-untamiento" que decía josé mota.

Ahora empieza a encajar todo: esas plazas sin árboles ni bancos, simples extensiones de granito para que los operarios vayan de un trabajo a otro; el silencio funeral en la calle, sólo roto por las órdenes la publicidad de quienes mandan, en todo caso todos enchufados al puto ipod, y por supuesto, bien vigilados por cámaras, mientras deambulan silenciosos, con impermeables y mascarillas bajo un cielo negro de bemeuves y porsches.

Todo esto, cortesía de sus democráticos gobernantes, y a mayor gloria de la sgae, de la patronal y de la españa moderna, la que mira a áfrica con admiración y a alemania con sumisión.

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