13 febrero 2011

Entropía de la inutilidad

La entropía es, para los que somos legos en cosas de ciencia, una cosa muy curiosa. Y también, en el fondo, una putada, todo sea dicho. Resumiendo mucho para entendernos, viene a ser que la energía tiende a nivelarse, y el universo a expandirse, lo que viene a significar que al final todo será polvo, y el polvo se irá desintegrando en pequeñas partículas aburridas en su soledad, cual triste pirámide egipcia que diría bisbal.

Sin embargo, aquí no hemos venido a hablar de física, sino de otro fenómeno parecido, y que acojona por su potencia: mientras que a nuestro mismo sol le quedan aún muchos millones de años de vida haciendo el canelo, hay otro tipo de entropía que nos tiene cogidos por los huevos:


La entropía de la inutilidad.
I. ¿Qué es?

Según este principio social recién inventado por mí, la inutilidad es una fuerza inevitable en la humanidad, que tiende a expandirse infinitamente. Sólo puede ser mantenida a raya temporalmente haciendo esfuerzos violentos, pero al final acaba triunfando sin remedio. Dicho de otra forma, toda institución humana se va a la mierda si le dejas el tiempo suficiente, o como decía el maestro Chuk "cuando el tiempo vivido aumenta, la esperanza de vida tiende a 0". Sólo que en este caso es la esperanza de competencia. Veamos varios ejemplos:



-Un señor es profesor universitario, elegido por su mérito y prestigio en la disciplina. Su sucesor es bueno, pero con una cierta tolerancia a la polítiquilla de pasillos y los enchufes. En algún momento, su sucesor será sólo medio competente, y los siguientes posiblemente unos trepas analfabetos.

-Una serie de televisión, comienza con un guión extremadamente sólido, buenos actores, una trama acojonante, una fotografía estupenda. A las 3 temporadas, inevitablemente, se puede observar una notable decadencia. A las 5, posiblemente sólo reconozcamos al protagonista y algo más. El resto se ha convertido en un zombie de aquella serie molona.

-Un señor bajito inventa una cosa llamada seguridad social. La idea es que los trabajadores destinen una pequeña parte de su sueldo a financiar el ingenio, puesto que se benefician de él. Con el tiempo, y a medida que en teoría el país se desarrolla, los ricos dejan en masa de pagar por esto, y el gobierno lo va recortando y aislando, hasta que (por el momento) baja un 20% las pensiones. Por supuesto, los trabajadores debemos seguir pagando las mismas cotizaciones, pero ahora por muchos menos beneficios, y lo que nos queda. La inutilidad crece sin parar.

Podríamos seguir analizando taaantas cosas de la realidad, y en especial el sistema educativo, donde cada vez la inutilidad es más cultivada por sistemas más inútiles ejecutados por profesores de los que se espera una formación inferior a sus antecesores.

II. ¿Cómo funciona la entropía de la inutilidad?

La inutilidad es el todo, el universo, la masa. Cuando alguien crea (con seriedad, no como suelen hacer los políticos, con inutilidad de serie) alguna institución o similar, siempre intenta hacerlo de la mejor manera posible. O como le parece mejor. Sin embargo, esta falta de inutilidad sólo se mantiene de manera muy consciente: en algún momento, ya sea al definir su funcionamiento, o al envejecer el responsable, o (lo más seguro) al ir cambiando el responsable, la inutilidad encuentra un resquicio por donde colarse. Una vez ahí, sólo un esfuerzo brutal puede expulsarla, pero claro, cuando es tan pequeñita nadie le da importancia. Aquí viene la principal ley de la inutil-dinámica:

Una persona competente puede incorporar a una institución a un inútil, por error o inutilidad latente, pero el inútil intenta con todas sus energías no incorporar a alguien competente.

Y créanme, los inútiles son muy ingeniosos para lo que quieren. El inútil es tan celoso de su inutilidad por dos razones principales: la primera, que es consciente de su inutilidad, por lo que cualquier persona competente le resulta una amenaza, aunque sea el último becario. Y la segunda, el inútil es inútil en su trabajo, pero es extremadamente hábil trepando a base de relaciones personales. Es, siguiendo la doctrina del colega adolfo, el modelo de ser civilizado por excelencia: no sabe manejar más que los seres humanos, que es de lo que está hecha la sociedad.

Sin embargo, esto último que puede parecer una ventaja, es en realidad otra trampa, porque los inútiles, además, son enormemente solidarios: uno sólo con don de gentes, puede abrir la puerta para una horda como si fueran zombis entrando en un refugio de humanos. Sea por enchufes en grupo, sea sobre todo por las leyes mediante las que los inútiles quieren perpetuar y perfeccionar su poder, el inútil propicia que el siguiente inútil lo sea aún más.

El ejemplo más acabado de esto, por supuesto, es allí donde el poder resulta objetivo principal de la empresa: los partidos políticos. Nuestro partido único, el ppsoe, es una muestra ejemplar: los actuales cabecillas de estas organizaciones son personas elegidas con la intención manifiesta de que "se movieran poco y no dieran mucho por saco", y acto seguido, ambos se han dedicado a limpiar el gobierno (o el partido) de cualquier persona medianamente competente, y sustituirlos por imbéciles supinos, que sean agradecidos a sus amos (como el cabecilla con los suyos), y que sobre todo no ensombrezcan la figura del líder. Es previsible que en una serie donde "el mejor" siempre debe ser peor al anterior, la decadencia nos lleva hasta idiocracy o más allá.

III. ¿Qué se puede hacer contra la inutilidad?

Como hemos dicho, la inutilidad infecta las instituciones y las contamina, de manera que una vez que alcanzan su plenitud, sólo van decayendo constantemente. Por si a alguien le suena, no es muy diferente de la idea decimonónica de la historia de una civilización como organismo. Con la diferencia de que la inutilidad es aquí una constante histórica e inevitable. Por tanto, la única manera de poner a raya por un tiempo a la inutilidad es, como decía más arriba, realizar un esfuerzo violento, que sacuda las sábanas y despegue a los chinches por un tiempo.

En sistemas políticos como el imperial o la monarquía, hay una salvaguarda de "doble o nada" contra la inutilidad, puesto que el cambio de gobernante siempre es traumático y depende del humor del nuevo príncipe. Digo doble o nada porque el nuevo puede ser un inútil total (entropía) o puede ser una persona con ciertos valores. Es una ruleta rusa política, aunque en teoría el monarca es formado desde la cuna para realizar bien su trabajo (claro, a veces formado por inútiles), y el emperador elige a su sucesor con la confianza de que este no tendrá ninguna razón para apiolarle, por lo que no hay que buscarlo tonto aposta. Un sistema democrático u oligárquico tiene unas instituciones burocratizadas, que no sufren trauma por los relevos de poder, por lo que es un terreno abonado para la inutilidad ad infinitum.

Y adivinen cuál es nuestro sistema... (si alguien dice democracia, más le vale leerse la enciclopedia un rato).

En este sentido, el amigo benito repetía aquel lema de marinetti de que "la guerra [es la] única higiene del mundo". Los hechos cantan: se metió en guerra, su régimen saltó en pedazos y él acabó colgado de un poste. Sé que muchos ahora mismo miran con envidia a los italianos de los 30, mientras soporta a los berlus, zps y demás calaña, pero así es la vida. Los tiranos han aprendido que la guerra les puede sacar las vergüenzas, y se dedican a evitarla en carne propia como la peste (en carne ajena siempre queda muy bonito tener un cuadro matando moros nazis comunistas).

Un ejemplo práctico: histeria de roma en 2,5 minutos

Roma. Qué podemos decir de roma? Normalmente los historiadores hablan de que roma entró en crisis en el siglo III. Sin embargo, ya catón el censor, allá por el 190 a.c. advertía de que roma había entrado en crisis al pudrirse de pasta con la guerra contra cartago, de la que deberíamos hablar otro día. Todos se rieron de él, pero cuando siglo y pico después la república se deshacía en guerras civiles, sólo una serie de violentos esfuerzos pudieron enderezarla: primero las dictaduras, y finalmente, el imperio de Octavio, que tras una guerra igualmente bruta, fundó un nuevo sistema.

Este nuevo sistema aguantó con altibajos pero bastante bien la entropía de la inutilidad, pero al final sucumbió a su peso: el politiqueo y las intrigas derrotaron finalmente al criterio imperial para la sucesión, y como consecuencia la decadencia se disparó. Los pocos emperadores notables de la última época del imperio, como septimio severo, diocleciano o juliano, pasaron a la historia como villanos gracias a una máquina implacable de inutilidad que fue el cristianismo (como en general todas las religiones oficiales, que son un nido de víboras intrigantes copando privilegios), mientras que los berlusconis de la época como constantino o teodosio han pasado a los libros como unos tíos de pm.

El resultado era que un estado que ya había sobrevivido más de 1000 años se caía a pedazos, bajo el peso de la inutilidad: todas las instituciones se habían degradado hasta el punto que los esfuerzos de muchos héroes del bajo imperio eran como intentar detener el mar con los brazos. Cuando uno lee cómo los comerciantes sometieron al imperio a un lockout por la "gracia" de diocleciano de prohibir la especulación, y el buen hombre fue impotente para hacer nada, uno no puede dejar de desesperarse viendo cómo todo se repite una y otra vez.

Bueno, realmente no se repite tanto: nuestros gobernadores bien que se han pasado al bando de los especuladores con un entusiasmo envidiable.

Epílogo, y nosotros ¿qué podemos hacer?

Parafraseando a los macartistas y otros fascistas del palo, recordaré que los inútiles se ocultan (bueno, ya no se ocultan tanto) en nuestros trabajos, nuestras escuelas, nuestras ciudades, nuestros comercios... Es responsabilidad de todos y cada uno estar vigilantes a cualquier brote de inutilidad y combatirlo. Nunca debemos alimentar la inutilidad, promocionando inútiles, mirando con complacencia la inutilidad o, lo peor de todo, pensando que por ignorarla ella nos va a dejar en paz, o que total, por un poquito no pasa nada. La inutilidad siempre irá a por ti, porque todos deben ser más inútiles que ella. Frente a la inutilidad no debe haber retirada, ni de un milímetro. Esto es lo primero en nuestras vidas cotidianas.

Y en la vida pública, ni un solo apoyo a los inútiles, y organizarse en cualquier cosa que les pueda hacer daño y luchar. Dejarlo todo como está sólo engorda a los inútiles, mientras que cualquier ruptura, cualquier trauma histórico, es una oportunidad para echar a los inútiles fuera de nuestro entorno, aunque sea por un breve tiempo.

Buena caza de inútiles, esclavos*

*Esclavo es una marca registrada de la banca y sus capataces que le dan a los banqueros y los "creadores de riqueza" tu su dinero (se me olvidaba que los esclavos no tienen propiedades, sólo hipotecas).

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hablas de los inútiles como si de virus infecciosos se tratase... Acertado, sin duda. Y de hecho también se parecen a los virus en su desmesurado número y variedad y lo difícil que es combatirlos.

Si, amigos míos. Hay muchiiiiiisimos más inútiles que personas normales. Si digo que un 90% de la humanidad está compuesta por ellos, lo mismo hasta me quedo corto!

No se puede acabar con ellos... son demasiados! Y a los No-inútiles que forman esa élite oculta que gobierna el mundo, les interesa que haya muchos inútiles jodiendo a los pocos no-inútiles que andan por ahí tratando de hacer su vida... Todo no-inútil libre del acoso de los inútiles representa una potencial amenaza para su total supremacía. Les da igual que sea ambicioso o no. Más vale prevenir, generar el caos o entropía por aquí abajo para que nadie tenga tiempo de mirar hacia arriba...

Hoy me he levantado conspiranoico...

Ferguson.

Frank dijo...

Hola Herr Alfon,

He leído con dedicación cada una de tus palabras, como siempre... Tengo que decir que has expresado bastante bien el epicentro de los temores de nuestras conversaciones, e imagino que de otras con otra gente. Oficialmente adopto el término Entropía de la Inutilidad, aquí y ahora. Respecto al comentario que me precede, debe decirse que la inutilidad es algo innato del ser humano, somos vagos... También debes luchar contra la inutilidad en tu vida, ser meritócrata tiene la desventaja del compromiso moral con tu trabajo... No se trata sólo de señalar a unos inutiles famosos... Cada opinión, cada gesto de cansancio, cada absurdo chiste sobre Chuck Norris ayuda a corromper el mundo... Cada segundo de tu vida perdido viendo mierda en televisión, o comprando algo que no necesitas fomenta el negocio de los inutiles y los "creadores de riqueza".

En definitiva la lucha empieza desde uno mismo, con un "esfuerzo violento" para expulsar la inutilidad y el acriticismo de nosotros mismos. Luego aplastar, sin contemplaciones y con espacio para recrearse si fuese necesario... aplastar la inutilidad del mundo. Sólo así usaremos nuestras Libertades, conseguidas con esfuerzo, con la Responsabilidad que ellas merecen a cambio.

Felicidades por el artículo.

Perri el Sucio dijo...

Supongo que no definir lo que son los inútiles hace que suene un poco nazi, pero resumiendo mucho, es todo aquel que no hace lo que tiene que hacer: profesores que no enseñan, investigadores que no investigan, gobernantes que no gobiernan (sólo reparten lo público entre sus colegas), gobernadores del banco de españa que se ponen a dar consejos cuando él y sus amigos son todos unos manteníos, y un largo etcétera.

En fin, a seguir bien, y recuerden, no sean inútiles. Hagan lo que quieran en la vida, pero háganlo lo mejor que puedan, por ustedes y por los suyos.

Maria Felisa Bartolome dijo...

y yo que creo que este mundo lo sostiene la gente que va a lo suyo todos los dias , trabaja donde le dejan , cuida de sus hijos , se divierte e intenta ser feliz ¡¡ es una banda de personas que no son genios ni lo pretenden , pero hacen que el mundo siga rodando
aparte de que efectivamente ahora estamos un poco asqueados , hay mucha gente buena
os situais por encima del bien y del mal.........no sois un poco pedantes tios??