01 diciembre 2010

Hoy en día todo el mundo es feliz.


Cuando, como aspirante a filoloco, uno manosea los suficientes libros paridos entre la restauración y el franquismo, hay un cierto mantra recurrente que parece necesario para que en nuestro pequeño país te den el imprimatur:

"Este libro da fe de las injusticias de una españa que, por suerte, ya no existe".

Esta frase y cientos de variantes adornan prólogos, contraportadas, críticas, comentarios, y en general gran parte del discurso hintelectual en nuestro pequeño país. ¿Ejemplos? Busquen referencias editoriales o de prensa "seria" a la familia de pascual duarte, cualquier obra de felipe trigo, o cualquier cosa remotamente similar.

Esto está hermanado con otro fenómeno: tomar cualquier novela distópica, sea por ejemplo 1984, farenheit 451, o cualquiera de ciencia ficción seria, y ponerse a decir por qué el autor "se ha equivocado y nunca se cumplirá lo que decía el autor", en base a algún detalle circunstancial. Por ejemplo, en Un mundo feliz, porque no aparece la energía nuclear.

Aparte de indicar que el que escribe es profundamente ignorante en la cosa literaria (la ciencia ficción y ser adivino no tienen nada que ver), es la otra cara del mismo intento de imponer el optimismo oficial y por decreto: todo va bien, nuestro sistema educativo se adapta a las necesidades del tiempo, no somos grecia (pronto seremos moldavia), los problemas son culpa de franco, tenéis suerte de estar bajo nuestro dominio, etc etc.

Eso sí, los lujos ya no más, ahora a poner el hombro... para que los de siempre estén tranquilitos.

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