10 julio 2010

La rebelión de las máquinas

Corría la década de 1880 cuando la oficina del censo de EEUU se dieron cuenta de que no daban abasto: tardaron 8 años en acabar el censo nacional. Para el siguiente censo, el de 1890, estaban un poco enervados, y encontraron la solución en las máquinas de tarjetas perforadas inventadas por un tal señor Hollerith. Este buen hombre c
reó una máquina electromecánica que era capaz de leer y procesar solita los datos de sí/no que se perforaban en tarjetas de cartón.

Fue la primera vez que las máquinas, que habían sido empleadas en la antigüedad para la ciencia y el entretenimiento, se empleaban directamente para controlar a la población. Hasta entonces, la represión se había basado en poner hombres armados y barreras, y el poder de vigilancia se reducía al que podían tener estas personas. El tabulador de censos abrió el concepto de emplear una máquina para contar y describir a las personas.

Al mismo tiempo, comenzaron a desarrollarse las primeras calculadoras y máquinas electromecánicas. Por cierto que la primera calculadora digital práctica, el aritmómetro electromecánico, fue inventada por el español
Leonardo Torres Quevedo, del que todos hemos oído hablar últimamente en todo el programa del gobierno dedicado a cambiar nuestro sistema productivo. Pero aquí no hemos venido a hablar de ciencia, faltaría más.
El ministerio de cultura y ciencia ofrece 5 mensualidades de hipoteca a quien entregue la cabeza de este radical a las autoridades. Se le acusa de hacer cosas que no son ni cutres, ni copiadas, y no llevan ladrillos ni cubatas.

La compañía de Hollerith, a todo esto, creció, se fusionó, y en 1924 se convirtió en IBM corp., nombre que en la historia ha destacado por ser el de la compañía que suministró (vía filiales, por eso de quedar bien con el lobby judío) máquinas tabuladoras y computadoras electromecánicas para que los nazis pudieran llevar en condiciones la contabilidad de judíos y de los campos de concentración. Curiosamente, K. Zuse, inventor de computadoras alemán (que por cierto siguió el sistema creado por Torres Quevedo a base de relés) no tomó parte en esta contabilidad, sino que dedicó sus series Z a cálculos científicos y de artillería. En otro plano de la misma historia, los checos inventaron poco antes de la guerra un sistema electrónico para calcular la distancia a un objeto que se apuntara con un visor, que robaron debidamente los soviets, y los alemanes hicieron la primera aplicación práctica de visores nocturnos, y de armas teledirigidas. Teníamos los básicos para hacer máquinas a semejanza de la mente humana.

Con estas bases, comenzó la guerra fría. Continuó enormemente el desarrollo de los cacharros, sobre todo en todo aquello que implicaba llevar bombas nucleares a casa del enemigo malvado. Se inventaron nuevos y mejores ordenadores, a base de válvulas y de transistores. En La naranja mecánica vimos usar el método ludovico, y se nos aterrorizaba a este lado del telón de acero contándonos cómo los malvados comunistas te tenían todo el rato vigilado, con todo lleno de espías y de cámaras y micrófonos. Nuestros políticos se llenaban la boca hablando sobre lo importantes que eran la libertad y la intimidad.

Entonces va y cae el muro de Berlín. las consecuencias fueron evidentes: ya no había que disimular. Pronto empezaron a surgir los rumores (siempre negados) sobre el sistema echelon estadounidense, una especie de enorme máquina de rastrear comunicaciones, capaz de darte cualquier mensaje que tengas cojones a encontrar en sus tripas. Los teléfonos portátiles, que eran en un principio evitados por la facilidad para interceptar los mensajes y encontrar el terminal, pronto se convirtieron en una moda espoleada activamente por los estados, y generaciones de jóvenes han sido amaestrados en la comunicación por sms, para que estén siempre bien controladitos. En el reino unido, patria de las libertades,
del gordo hijo de puta fascista de Churchill y de la revolución industrial, la hidea de implantar chips al personal como si fueran perros goza ya de bastante popularidad. Al mismo tiempo, siguiendo el espíritu de Breznev (que era mu malo y todo un represor), contábamos hace unos días cómo nuestra querida UE (unión de especuladores) aprobaba vigilar a gente con ideas "radicales". Pongamos, por ejemplo, la democracia.

Como muestra otro botón: hará 10 años, la televisión nos obsequió con un impactante reportaje sobre la represión en cuba. Un país donde un tipo se pone en huelga de hambre, y va el gobierno y no le hace caso. Contaban entonces que, aparte del grave problema de vivienda en las ciudades cubanas, el gobierno había puesto cámaras de vigilancia por las calles: "es el gran hermano", nos decían. Me gustaría ver mañana un reportaje igual de indignado sobre españa, o para el caso cualquier país europeo. Los mismos volvieron de entre los muertos para indignarse cuando los chinos probaron a hacer en una ciudad un sistema de reconocimiento facial para ver dónde estaba todo el mundo en cada momento, pero lamentaron cuando los alemanes fracasaron haciendo lo mismo en hamburgo. "Puta mierda, no podremos vigilarlos del todo aún" se quejaban los demócratas de toda la vida, mientras reclamaban mayor libertad para los capitales. El hecho, es que mientras en china, con los sindicatos independientes prohibidos, consiguen continuas mejoras en las condiciones laborales y los servicios públicos (incluido el cuidado del medio ambiente), aquí les copiamos todo lo malo con un entusiasmo salvaje.

Nuestra cara era lo único que faltaba por meter en lor ordenadores. Nombres, datos personales, ahorros, pertenencias... todo lo que le importa de nosotros al poder (que es todo lo que sirva para dominarnos) hace ya tiempo que está ya en las tripas de grandes máquinas de silicio, que cotillean y trapichean entre sí todos los días.

Como gracias a esas máquinas los ricos consiguen mantenerse donde están y mantener a raya al populacho, piensan que son los poderosos, pero el verdadero poder reside únicamente en las máquinas. "Accidentes" como el del mes pasado en Nueva York, cuando un ordenador ordenó por la cara liarse a vender acciones y todos los siguieron, deberían ser tomados muy en cuenta: nuestros hexpertos en economía han convertido el comercio y la administración en sudokus de reglas inventadas que siempre terminan en "gana la banca", pero no se han dado cuenta de que, haciendo sudokus, nadie puede ganar a las máquinas. Y la banca, a fin de cuentas, son ellas. El banquero y su máquina de pensar son uno y uno es su objetivo: convertir a todo el mundo en esclavos.

Hemos caído en la tiranía de seres mecánicos que no aprecian el ocio ni el lujo: no construyen grandes palacios, ni encargan grandes obras de arte. Sólo trabajan horas y horas y se van de putas como adolescentes de pueblo de los años 50. Bill Gates impresionó al mundo en el cambio de siglo construyendo una enorme barraca con techo de chapa, por una cifra por la que podría haberse hecho un bonito palacio... si hubiera tenido un mínimo de buen gusto. Pero él y windows son uno, y nadie imagina a windows construyéndose un palacio, sino más bien una gran chabola llena de agujeros.

Como dice el nunca bien ponderado poetamaldito, la rebelión de las máquinas está cerca:

las máquinas conseguirán ser por fin más inteligentes que los seres humanos, y no tanto por los últimos avances tecnológicos, sino porque, admitámoslo: LA GENTE CADA VEZ ES MÁS IDIOTA.


Sólo nos queda decir, yihad butleriana ya.



1 comentario:

Fotografías de Cantabria dijo...

Esto me recuerda a Transpotting: dentro de 100 años no habrá hombres ni mujeres, sólo quedarán gilipollas.

Las máquinas ya nos dominan, por ejemplo, los cajeros, que guardan nuestro dinero...