20 abril 2010

China IV: trabajo de chinos (Jinzhou - Pekín)

Llegamos a Changchun en primera clase, y nos fuimos en segunda. Desde ahí, todo se pierde en una bruma extraña. Birras en el tren a mediodía, comida mutante que al parecer sólo yo podía comerme, unas como salchichas extrañas de chopped, que encima no estaban del todo malas, una estación de tren en un páramo, en la mejor tradición de Gallardón, y barrios de chozas alrededor (ídem de ídem). Yo pensaba que íbamos a tocar a Chinchón, pero no era eso exactamente. Mi cámara, que cual pianista soviético desertó antes del final de la gira, recoge un vídeo de cómo NO hicimos prueba acústica. Para variar, los chinorris pensaban que bienes como la calefacción son para la gente bien que va a ver el concierto, y no para los tiraos que tocan. Eso no fue todo. Durante nuestro no-ensayo, los españoles nos dedicamos mayormente a criticar ciertas condiciones de la gira. Particularmente, tocar justo después de viajes de palizón y no tener después tiempo para destrozar el hotel tranquilamente (porque los españoles no necesitamos dormir si no nos sale de los cojones, sólo necesitamos estar en un sitio de dormir, y ya con eso nos vale).

Dejar Changchun es como tener que dejar Saigón otra vez.

Entonces, como si el presidente mulato me hubiera visto por una ventanita, soltó su jauría de sabuesos, y detrás mía (jódete RAE) se alzaron las banderas de las rayas y estrellas mientras los F22 volaban sobre nosotros, y la oboísta venía a decirnos que el orgullo de ser "músicos" nos impedía poner pegas a nada, que tal cosa era de rojos y masones, o dicho en americano, perdedores, y que lo que teníamos que hacer era estar muy orgullosos y obedecer todas las órdenes, y comer mierda a manos llenas y sonriendo, que esa era la gloria de ser músico. Cual peli yanki cutronga, además, las masas de sabuesos de la cia acompañaron la diarrea mental de la colega con aplausos y miradas de admiración. Cornudos y contentos, que se dice en nuestro pueblo.

La cosa era que estaba cerrado el aeropuerto de Shengyang "por una tormenta mu gorda mu gorda", así que teníamos que pasar la mayor parte de la noche volviendo en bus a Pekín para tomar allí el avión a Zhengzhou. Esa mañana en el tren habíamos parado en Shengyang y el frío era el normal, incluso estaba "soleado" (o sea, el aire estaba de color gris claro). Así que la paranoia se disparó. Las explicaciones sobre de dónde salía esa terrible tormenta o lo que fuera que hacía que cerraran el aeropuerto eran cada cual más descabellada que la anterior. Desde luego, parece que en la embajada española no sabían nada del asunto.

Así pues, cuando nos metimos en el bus después del concierto para peregrinar hasta la capital del Imperio estábamos en ese estado que es el "estilo de vida auto-res" (los que han tenido que correr entre madrid y badajoz un par de veces por semana saben de lo que hablo). Es un poco parecido al imsomnio de
El Club de la lucha, pero con la diferencia de que aquí si hay muchas veces que estás completamente dormido. Cada x tiempo volvía al mundo de los vivos y podía sentir cómo el chófer se creía que todavía estaba con el T55 de la mili. Y los que llevaban toda la horda de camiones que nos rodeaba, también... de puta madre. En ese trance de sueño y frenazos llega un momento en el que entras en éxtasis y ya asumes que si de una vez nos la pegamos al menos dejaremos los frenazos y volantazos.

Como no podía ser menos, la noche terminó cuando el autobús atravesó unas alambradas de espino, y nos vomitó a una tormenta de polvo pura y auténtica made in Pekín. Es difícil decir si era peor el frío, el viento o la especie de neblina de mugre grisacea. Parecía que por fin habíamos llegado a Mordor. Lo que no nos habían dicho es que los orcos no están tan deformaos porque sus hoteles sean malos. Al revés, los hoteles de Mordor molan. El problema es que sólo les dejan 3 horitas para descansar, el resto de la noche se la tiran en el bus, y así tienen los pobres la chepa y el pelo de grasiento. Quizás parte de la culpa es de que en Mordor (que en orco significa Imperio Central del Universo) no hay bañeras. Pero en aquel momento no estábamos para meditar sobre cuartos de baño. Sólo queríamos llegar al tal Zhengzhou de los cojones y que cesara el dolor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Por fin continùas las Crònicas de Mordor!!!