29 abril 2010

Los patanes de UPS

Ups, United Parcel Service, es una compañía grande que te cagas, con más poder que tres florentinos fernández juntos. Hace poco pudimos ver el pedazo de chabolo que tienen en su sede en Atlanta, Georgia. En definitiva, todo un exponente del poder corporativo moderno: una gran corporación dedicada a llevar paquetes de un lado a otro...

not.

Por alguna razón que escaba a mi primitiva mente, son muchas las tiendas de internet que ofrecen como opciones de envío:
a) enviarlo por ups rápido,
b) enviarlo por ups lento,
c)no.

O sea, mensajería sí o sí. Además, es común aquí, al contrario que en españa, que los paquetes costosos y pesados los pagues tú al peso (en la patria es normal que a partir de un cierto importe el envío sea gratuito o al menos a precio fijo). Dicho de otra manera, tienes que comulgar con piedras de molino. Por alguna razón que escapa a nuestra razón, el servicio nacional de correos puede ganar 5 tours de francia seguidos, tener una gama amplísima de opciones, ser el doble de rápido y barato que el español y ser por decreto federal la autoridad que tramita los pasaportes en el país, pero no es lo bastante bueno para sus paquetes.

Así que apechugas y lo pides por puto ups.

Como normalmente te dan el número de seguimiento del paquete, puedes saber cómo transcurre el demencial viaje hasta tu hogar (te jodes, haberlo pedido aéreo), y en teoría "estar preparado para el día que llegue". Sin embargo, estos buenos señores no han pensado jamás, según parece, que esperar un paquete de ups no es una excusa válida para cancelar cosas en la universidad. En cualquier caso, ese es el menor de nuestros problemas.

El problema es cuando SÍ estás en casa. Porque ya van 5 veces en estos dos años, que estando yo en la casa el tipo del ups ha venido, ha "llamado a la puerta" (yo sé que parece endeble, pero no es pa tanto) y antes de que yo pueda darme cuenta ha huido dejando una nota donde dice que no había nadie en casa y volverá al día siguiente. Mi paranoia ha llegado hasta a dormir con la puerta abierta o tirarme en el salón por la mañana para intentar pillar al tipo, y por supuesto nada de violines.

Esta última ocasión, para colmo de males, sucede que al ponerle la etiqueta la cagan (no sabemos quién, simplemente digamos que la cagan) y ponen una dirección que no existe. Así que cuando el paquete va a ser "entregado", rapidamente aparece una incidencia. El texto tiene cojones:
"como no sabemos su dirección, le hemos enviado una tarjeta por correo ordinario para que nos dé sus datos. Si quiere acelerar el proceso, pídale al remitente que se ponga en contacto con nosotros". Tócate los cojones:
-O sea, que correos sí sabe mi dirección correcta, pero vosotros no se la vais a preguntar. Ni a darles el paquete entero, que luego se quedan con la gloria los cabrones.
-Si tengo que esperar a que me llegue una puta tarjeta postal, y luego si eso me enviaréis en paquete, ¿dónde coño está vuestra gracia?
-Y ya que el remitente es quien os ha pagado por traer el paquete, ¿no sería lógico que seáis vosotros quien se tome la molestia de solucionar la cagada? ¿O es que me vais a devolver el dinero por lentos?

Total, que evidentemente, uno que ha visto muchas películas y cree que vive en un país civilizado, llama a ups a ver a q coño juegan. Total, la chica que me atiende (por supuesto, subcontratada dios sabe dónde, a la pobre ups le dio un cuaderno con respuestas y un golpe con un palo pa que no se les acerque) me dice que lo mejor es que lo vaya yo a recoger. A Fairmont (a 20 km de morgantown). Tócate los cojones. Y que si no, que ellos tienen un remedio infalible: me mandan una tarjetita postal, yo la relleno y se la reenvío...

Total, que impresionado por la inutilidad de esta gente, llamo directamente a la tienda y les digo lo que pasa, y ellos muy amablemente se comprometen a meter en vereda a ups cuanto antes. Al día siguiente recibí mi paquete, pero nadie se piense que por eficacia: cuando subo a casa, me encuentro a parawayo en el pasillo, y me dice que ha venido un paquete de ups... que el tipo ya se largaba corriendo después de acariciar la puerta cuando se lo encontró y le convenció de dárselo a él. Si llega a ser por ups me como los mocos. Por suerte parawayo salvó la situación ese día. Y por suerte también que fue él, porque tanta mierda de "seguridad" y ¿cualquiera que diga que me conoce puede firmar el recibo? Dios nos guarde entonces del chino del otro apartamento, que cual cangrejo ermitaño mete en su guarida cualquier cosa que vea tirada por el pasillo.

En fin, si lo llego a saber, le tiro piedras a su mierda de sede en atlanta... que se gasten algo en cristales al menos. Vaya un pufo de compañía, cobrando como si fueran los putos mensajeros de los dioses, cuando son una banda de tontos del pueblo con gorra y un escáner en la mano. Pero privado, eso sí, nada de burócratas llevándose tu dinero, que parece que es cosa que irrita mucho.

Luego vuelvo a españa y me encuentro que ups españa está haciendo un ere de lo más vergonzoso, y los empleados furiosos. Es normal chicos, tanto les desconcertará que queráis tener un trabajo como que no seáis totalmente inútiles.

Como un día nos encontremos con el bastardo de ups...

27 abril 2010

Novedades fotográficas

Querida F60fd (alias das Alfonteufelsfotomaschineattentätergerät):

Donde quiera que estés, ya sea en Mongolia Interior o donde el mongol del chófer te haya vendido, prostituido, regalado... (me estremezco con sólo pensarlo), te dedico estas palabras:

Hoy estuve leyendo sobre ti y tu familia en internet. Me acuerdo mucho de ti y de los buenos ratos que hemos pasado dejando en ridículo a todo el mundo, o inmortalizando juergas varias para mucho tiempo (esperemos). Se me saltan casi las lágrimas cuando leo a otra gente que conoce tu poder. Sólo quiero ilustrarlo con una cita que me ha conmovido especialmente:

"A este paso falta poco para que entre alguien a un comercio para pedir una compacta que le permita fotografiar negros por la noche, en un túnel, a la luz de un candil y después hacer posters de 2X3 metros." (citado de Josep en www.quesabesde.com: http://www.quesabesde.com/camaras-digitales/camaras/fujifilm-finepix-f60fd-opiniones,3954.html?opinion=65910)

Sin embargo, te escribo no sólo para contarte que te echo de menos y que me encantaría tener noticias tuyas (aunque asumámoslo, eso no va a pasar, ahora supongo que debes estar trabajando en una fábrica de fuji cerca de Baotou, o quizás cuidando niños de una familia pija de Ordos mientras los padres se van al puti), sino también que he decidido quitarme el luto y buscar a alguien que te sustituya, porque los niños necesitan
un padre una cámara digital que les dé el cariño que necesitan. Así que se va a mudar a casa tu sobrina la F200exr. La he elegido precisamente por lo que me recuerda a ti, y espero que no te tomes esto mal. Como homenaje pongo una pequeña muestra de los varios miles de tomas de putísima madre que has dado a la humanidad.

Descuida, ya te contaré cómo se porta la peque cuando llegue.



20 abril 2010

China IV: trabajo de chinos (Jinzhou - Pekín)

Llegamos a Changchun en primera clase, y nos fuimos en segunda. Desde ahí, todo se pierde en una bruma extraña. Birras en el tren a mediodía, comida mutante que al parecer sólo yo podía comerme, unas como salchichas extrañas de chopped, que encima no estaban del todo malas, una estación de tren en un páramo, en la mejor tradición de Gallardón, y barrios de chozas alrededor (ídem de ídem). Yo pensaba que íbamos a tocar a Chinchón, pero no era eso exactamente. Mi cámara, que cual pianista soviético desertó antes del final de la gira, recoge un vídeo de cómo NO hicimos prueba acústica. Para variar, los chinorris pensaban que bienes como la calefacción son para la gente bien que va a ver el concierto, y no para los tiraos que tocan. Eso no fue todo. Durante nuestro no-ensayo, los españoles nos dedicamos mayormente a criticar ciertas condiciones de la gira. Particularmente, tocar justo después de viajes de palizón y no tener después tiempo para destrozar el hotel tranquilamente (porque los españoles no necesitamos dormir si no nos sale de los cojones, sólo necesitamos estar en un sitio de dormir, y ya con eso nos vale).

Dejar Changchun es como tener que dejar Saigón otra vez.

Entonces, como si el presidente mulato me hubiera visto por una ventanita, soltó su jauría de sabuesos, y detrás mía (jódete RAE) se alzaron las banderas de las rayas y estrellas mientras los F22 volaban sobre nosotros, y la oboísta venía a decirnos que el orgullo de ser "músicos" nos impedía poner pegas a nada, que tal cosa era de rojos y masones, o dicho en americano, perdedores, y que lo que teníamos que hacer era estar muy orgullosos y obedecer todas las órdenes, y comer mierda a manos llenas y sonriendo, que esa era la gloria de ser músico. Cual peli yanki cutronga, además, las masas de sabuesos de la cia acompañaron la diarrea mental de la colega con aplausos y miradas de admiración. Cornudos y contentos, que se dice en nuestro pueblo.

La cosa era que estaba cerrado el aeropuerto de Shengyang "por una tormenta mu gorda mu gorda", así que teníamos que pasar la mayor parte de la noche volviendo en bus a Pekín para tomar allí el avión a Zhengzhou. Esa mañana en el tren habíamos parado en Shengyang y el frío era el normal, incluso estaba "soleado" (o sea, el aire estaba de color gris claro). Así que la paranoia se disparó. Las explicaciones sobre de dónde salía esa terrible tormenta o lo que fuera que hacía que cerraran el aeropuerto eran cada cual más descabellada que la anterior. Desde luego, parece que en la embajada española no sabían nada del asunto.

Así pues, cuando nos metimos en el bus después del concierto para peregrinar hasta la capital del Imperio estábamos en ese estado que es el "estilo de vida auto-res" (los que han tenido que correr entre madrid y badajoz un par de veces por semana saben de lo que hablo). Es un poco parecido al imsomnio de
El Club de la lucha, pero con la diferencia de que aquí si hay muchas veces que estás completamente dormido. Cada x tiempo volvía al mundo de los vivos y podía sentir cómo el chófer se creía que todavía estaba con el T55 de la mili. Y los que llevaban toda la horda de camiones que nos rodeaba, también... de puta madre. En ese trance de sueño y frenazos llega un momento en el que entras en éxtasis y ya asumes que si de una vez nos la pegamos al menos dejaremos los frenazos y volantazos.

Como no podía ser menos, la noche terminó cuando el autobús atravesó unas alambradas de espino, y nos vomitó a una tormenta de polvo pura y auténtica made in Pekín. Es difícil decir si era peor el frío, el viento o la especie de neblina de mugre grisacea. Parecía que por fin habíamos llegado a Mordor. Lo que no nos habían dicho es que los orcos no están tan deformaos porque sus hoteles sean malos. Al revés, los hoteles de Mordor molan. El problema es que sólo les dejan 3 horitas para descansar, el resto de la noche se la tiran en el bus, y así tienen los pobres la chepa y el pelo de grasiento. Quizás parte de la culpa es de que en Mordor (que en orco significa Imperio Central del Universo) no hay bañeras. Pero en aquel momento no estábamos para meditar sobre cuartos de baño. Sólo queríamos llegar al tal Zhengzhou de los cojones y que cesara el dolor.

19 abril 2010

Cinefilia: Banana Joe, héroe del pueblo

Hace tiempo que no se habla por estos pagos de sinema. Si comentara cada película curiosa que pasa por aquí, esto parecería una versión casera de la IMDB. Pero esta vez tengo algo que DEBE ser comentado.



Se trata de la película
Banana Joe, uno de estos clásicos nacidos antes que yo, que jugaban a parecer de serie B americana aunque fueran más italianos que robarte las ruedas y vendértelas al día siguiente. Por hablar de la cosa técnica, la peli en cuestión fue dirigida por Steno en 1982, y protagonizada (y casi monopolizada) por nuestro amigo Bud Spencer.

Por si la juventud de hoy en día vive tan estresada (hartos estamos de solicitar la pensión de ni-ni esa tan famosa ahora, pero nada) que no tiene tiempo de ilustrarse en el cinetube, explicaré muy por encima de qué va la cosa:

Banana Joe (Bud Spencer) es un gigantón que vive en una aldea en la selva (Amantido) y viaja al puerto río abajo a vender plátanos, que cambia por ropa, medicinas y demás porquerías de la civilización que reparte en el pueblo. Banana Joe es el arquetipo perfecto del buen salvaje: no conoce nada de la sociedad (ni sabe leer), no conoce la propiedad privada, y en general, si no fuera porque va vestido y habla, podríamos decir que es un animal total. Además, él es como el patriarca en su pueblo, donde todos (negritos y mulatos menos él) le quieren y le adoran, y d hecho los niños le crecen alrededor como ya le hubiera gustado a Jacko.

Sucede entonces que aparecen en la aldea unos tipos de una gran compañía platanera, con una licencia del gobierno, hablando de cómo van a repartirse el pueblo, y montar factorías, plantaciones, y demás horrores del mundo moderno: bares, casinos etc. Vienen quejándose de la incomodidad del campo y disponiendo ya de todo lo que hay en la aldea como si fuera suyo. Para su sorpresa, Banana Joe aparece entonces, se presenta, y los echa con cajas destempladas.

Entonces es cuando las fuerzas corruptas de la sociedad atacan a nuestro buen amigo: a su siguiente viaje a la ciudad, los matones de Torcillo (el gran magnate de los plátanos), consiguen que a Banana Joe le confisquen la lancha de los plátanos, por no tener licencia para vender plátanos. Dicho de otra manera, la corrupción de la sociedad se destina a joderle la vida al buen salvaje que no hace daño a nadie, para beneficiar a las fuerzas corruptoras y oligarcas que esperan vivir de la plusvalía, usando la burocracia y la ley burguesa como armas opresoras.

Y entonces nuestro gorilesco amigo se convierte de la noche a la mañana de campesino autosuficiente en proletario: debe ir a la gran ciudad a conseguir un carnet de identidad y la necesaria licencia, porque su deseo, como buen salvaje, es integrarse de manera honrada en la sociedad. A partir de aquí Banana Joe se convierte en testigo y azote de la sociedad corrupta y alienada de la gran ciudad:

-los camioneros echando carreras para sacarse un plus especulando con el precio de los plátanos: aquí tenemos cómo Banana Joe no sólo (como buen héroe) gana la carrera, sino que tira el precio de los plátanos por tierra, renunciando al concepto de plusvalía, y arruinando a los intermediarios. De esta manera facilita el acceso del pueblo a los medios de subsistencia, a la vez que combate a los especuladores. Toda una lección de economía anti-inflacionista propia del socialismo científico clásico;

-la cantante que debe asumir que su trabajo implica poco menos que prostituirse con los capitalistas: el primer trabajo que consigue nuestro primitivo amigo es como gorila en un garito. A él le encargan que eche a cualquiera que moleste a la dama. Lo que aparentemente puede parecer un chiste sobre lo cerril del personaje, que llega a echar del club no sólo al propio Torcillo y sus amigos, sino al mismísimo encargado del local, esconde en realidad una denuncia del concepto de ley de la "democracia" burguesa: bajo la apariencia de ley y orden se esconde la simple represión, y cuando alguien aplica la ley de manera imparcial y estricta son los explotadores y poderosos los primeros en recibir mamporros. Toda una provocación política: el salvaje, el hombre natural, destapa las falacias y la hipocresía del capitalismo burgués imponiendo el imperio de la ley y la Razón.

Después tenemos algunos episodios de entrañable folclore, como los chistes de la mili, para llegar finalmente al momento máximo de subversión de la película: la segunda visita de Banana Joe al registro civil. Merece la pena comentarse en detalle.

El protagonista entra vestido de militar y con el fusil al registro, donde siguen las masas proletarias en el purgatorio burocrático. Banana Joe empieza a ser rebotado de un mostrador a otro, exponiendo el ciclo vicioso de la burocracia: no le dan un dni por no tener partida de nacimiento, ni le buscan la partida por no poder aportar un dni. Entonces comienza la revolución de Banana Joe: comienza enfrentándose a los burócratas, haciendo que afronten las contradicciones del sistema, y consigue que le digan exactamente lo que necesita. El problema es que ese documento necesita una firma y sello del ministro del Interior en persona. Y entonces es cuando se descubre que los burócratas no son más que los esbirros del verdadero poder: el ministro no recibe al populacho, de manera que mantiene a los obreros permanentemente indefensos a merced de los amos de la maquinaria estatal. Banana Joe invoca la unidad de los trabajadores para conseguir ser escuchados por el poder, y entonces viene el momento sublime. Vemos al ministro reunido con nuestro amigo Torcillo (para los especuladores el sistema siempre tiene las puertas abiertas) negociando influencias, favores y sobornos, y entonces irrumpe en la enorme sala Banana Joe al frente de las masas proletarias, uniformado, barbado y armado. Como el ministro se bloquea y se niega a colaborar con el proletariado, nuestro Fidel Castro particular lo cuelga de un perchero, se sienta en su mesa y empieza a sellar papeles a todo el mundo. Una revolución incruenta de lo más gloriosa.

Banana Joe resucita el espíritu neorrealista. Y con más vitaminas

Pero es en la escena final donde tenemos lo más polémico de la película: hasta aquí hemos visto cómo Banana Joe se enfrenta con laas fuerzas represivas de la sociedad burguesa. Sin embargo, el acto final de la obra pasa del humanismo de Rousseau y el socialismo científico directamente al luddismo duro: cuando nuestro camarada Banana Joe vuelve con todo (aparentemente) resuelto a su aldea, descubre que ya Torcillo se está instalando, ha puesto su factoría y un casino-bar-etc donde aliena a los habitantes, haciendo que se gasten en sus tragaperras los salarios de miseria que él mismo paga. Entonces, se termina la lucha de clases, el control de los medios de producción y la toma del poder por el proletariado: nuestro héroe del pueblo se limita a agarrar un mazo y comenzar una fiesta de destrucción de la tecnología moderna. Contrachapado, tragaperras y otros horrores del mundo moderno sufren la ira del purificador Banana Joe, que no sólo arrasa la instalación del capitalista torcillo, sino que además, al final, entrega a Torcillo, acusado de varios delitos, a la policía. Aquí además tenemos el último guiño revolucionario, puesto que un extraño personaje secundario (una especie de científico-trilero que aparece y desaparece) es quien consigue el indulto para sí y para banana joe, que les permite quedarse tranquilos. Evidentemente este final Deus ex machina en toda regla (con el Presidente en el papel de Dios) sirve simplemente para que la película sea una comedia redonda y apta para la familia, pero nos da a entender que en un contexto realista y sin divina providencia, el único destino posible para nuestro héroe revolucionario hubiera sido el martirio, concluyendo, por tanto, que incluso con toda su fuerza, Banana Joe no basta por sí mismo para hacer la revolución si no cuenta con el apoyo activo de camaradas de armas.

Tras este final cómico, tenemos un bonito epílogo donde nuestro buen Banana Joe, una vez que ha destruido la civilización capitalista, funda en su pueblo los cimientos de una sólida república socialista: consigue que la dama de la película se quede en la aldea, cambiando su sórdido trabajo de vedette de los opresores por el de maestra, y él mismo se mete en la escuela con los niños para aprender a leer: así no sólo nuestro héroe aspira a su superación personal y la de las generaciones futuras, sino que reivindica un lugar digno para la mujer en la sociedad, en la que su atractivo físico no es su único potencial, sino que sirve al pueblo con su sabiduría y disciplina.

En próximos artículos, hablaremos, para contrapesar, de películas que el propio hitler hubiera censurado por parecerle demasiado propagandista, como por ejemplo, Con Air, 123 responda otra vez.

Salud y un par de plátan
os, camaradas!