04 febrero 2010

China III: Naranja de la China (Changchun)

Te echas a dormir en un vagón de tren, y cuando te despiertas estás en algo que se parece a una verbena mexicana de las películas. Por suerte, faltaban los tiros. Cuando desperté del todo, descubrí que mientras yo no miraba aquí los amigos habían limpiado de heineken el bar del tren. Así llegamos, después de un alegre viaje de más de 5 horas en tren a Changchun.

¿Qué es este pueblo que tanto suena a chiste de Gila?

Uno, que es de la escuela rusa, insistía en que estábamos en Siberia Oriental. Sin embargo, en China, a esto que está a un tiro de piedra (con cohetes) de Vladivostok lo llaman Manchuria. Para los que usan de la historia, o simplemente han visto El Último Emperador, changchun fue también conocida como Xinjing durante la época que fue capital del Manchukuo, protectorado japonés en china. La ciudad fue el centro de la expansión japonesa en el continente, y hoy en día permanece el plan general de la ciudad, aparte de algunos edificios oficiales y el palacio imperial de Pu Yi (que dani y bet astutamente fueron a visitar mientras los demás nos comíamos los mocos en el hotel, envidia cochina).

Xinjing significa "nueva capital". Un nombre simple y eficaz. Tecnología japonesa. Changchun significa "larga primavera" en español. Una puta mierda. Bueno, a lo mejor es larga, porque se salta el verano. Según wiskipedia, 150 días sin hielo al año. Genial. Dicho de otra forma, es más posible que haya hielo en la calle que no. En diciembre, tienes que estar MUY borracho para no percibir que hay hielo por la calle. Placas y placas. Tanto que no lo limpian de las aceras, y nadie parece darse cuenta a estas alturas. También es cierto que el hecho de que este hielo tenga un color grisoso y como tropezones de la mierda del aire y el suelo ayuda a que no resbale.

Pues a semejante urbe llegamos nosotros, algunos sobaos y los más borrachos, la noche del 22 de diciembre. Cuando llegamos al hotel, había una pancarta grande sobre la puerta en la que se nos daba la bienvenida. Como éramos nuevos en el país e inocentes, nos emocionamos. Sin embargo, teníamos cosas más urgentes de que preocuparnos: había hambre en el ambiente, y el restaurante del hotel ya había cerrado, así que el pelucas nos sacó a comer a un restaurante que estaba un bloque o dos más p'allá.

Todo el mundo te pregunta, cuando vuelves de china, qué cosas raras has comido. Gracias a este primer banquete puedo contentar a los paparazzi: las empanadillas, algún guiso, y el estofado, todo era carne de burro. Nos enteramos al final. ¿Que cómo es el burro? Pues de sabor y tocino parecido un poco al cerdo, y la textura como la ternera. Si acaso un poco correoso, aunque las empanadillas de burro fueron desde entonces un mito que mencionábamos (sobre todo cuchi) cuando había hambre. Comprobamos que lo más normal para beber era la cerveza, "snow" en changchun, en botellas de 24 onzas como las americanas (unos 2 tercios más o menos), y agua caliente. Servida en una puta tetera. Acojona al principio. Acto seguido, vuelta al hotel y botellón, con pelea con los cuadros de la habitación incluida. En fin, podíamos decir que los cuadros ganaron el certificado de calidad después de aguantar varios costalazos. Cosa que no se puede decir del resto del mobiliario del hotel, y eso que no hicimos nada parecido.

Una constante en china, según pudimos comprobar después, es que la calidad de las cosas es... de los chinos. Esta primera noche, por ejemplo, cuchi se quedó con la manilla de la ventana en la mano, por lo que nunca pudimos cerrarla. A las chicas se les cayó la mampara de la ducha entera, y nosotros no anduvimos muy lejos cuando la barra que la sujetaba a la pared se cayó... porque estaba sujeta con un palillo de dientes en vez de un tornillo. En definitiva, que sí que en china te hacen un hotel por 4 perras, pero es un hotel de 4 perras, por más que pretenda aparentar.

Changchun, por lo demás, para mí que conocí sólo el hotel y las calles de alrededor, el teatro y la estación de tren, es una ciudad mu chunga. La bruma de mierda industrial mañanera le daba a todo un colorido un poco triste, y el reflejo de esa mierda en el hielo de color gris marengo de la calle, entre edificios de viviendas sociales de franco no ayudaba precisamente. Cuando fuimos al teatro, vimos barrios diferentes, pero en general parecía que los rascacielos de superlujo eran cosa de la banca y la industria, y los pisos tendían un tanto a la cutrez.

El consulado de mordor en changchun (maqueado para el público)

En cuanto al teatro, nos limitaremos cual coronel Kurtz a pasarnos las manos por la calva mientras miramos al vacío, "el horror..." Mucha fachada bonita, mucho entradas entre 20 y 80 erios, pero parecía el sueño erótico de un anticomunista: teatro grande, de tipo soviético, en el que los típicos carteles rojos en los que dice váyase usted a saber qué rodeando el escenario eran electrónicos (y funcionaban con xp como pudimos ver antes del concierto). Entre un frío de putos cojones, detrás del escenario una sala de ensayo donde cogían polvo viejos símbolos comunistas que no parece que salgan mucho a pasear, y sobre todo, los servicios. Los putos servicios. Oh dios, si el olor de la estación de pekín te asustó, esto era puto gore en tu nariz. Fui a mear y a poco estuve de aprovechar para echar también hasta la primera papilla. Suerte que al menos no tuve que acercarme a uno de esos agujeros de mordor en los que se supone que se caga en (casi) cualquier baño público en china.

En la cena tras el concierto, dejamos al equipo del pelucas totalmente roto, al sentarnos en las mesas de tal manera que nos lo comimos TO TOÍTO TO. Esto en china cuando vas a un "banquete" (o sea, no pidiendo platos, sino a que el menú te dispare a bocajarro) está muy mal visto porque hace que el anfitrión parezca un rata. Así que imaginen vuesas mercedes. A esta gente tenernos sin dormir corriendo por ahí les daba exactamente igual, pero que nos lo zampáramos todo los asustó. Nos cedieron un plato de su mesa, robamos de las demás, pero tampoco nos daban más cerveza. Y eso que para eso daba igual que el cocinero ya no estuviera... Por suerte, ahí estuvo Haoyue para solucionarnos la papeleta, porque aunque parezca fácil decir pi jiu, que te entienda un chino es bastante jodido, sobre todo si no tiene muchas ganas de dártela. Por suerte, pudimos esa noche echarnos las cañas... bueno, y por lo que cuentan las leyendas, me perdí míticas aventuras con rambo incluido, pero eso es otra historia.

Al día siguiente, le dieron morcilla a Changchun, después de disfrutar de la alegría de su tráfico, y de que la vieja de los comestibles de la estación (lo que en madrid sería los chinos) nos timara correspondientemente. Ya hablaremos de esto, pero estos jodíos tienen en la caja ya un botón para marcarle el precio de turista a las cosas, aunque aun así la botella de té al limón (el mismo que compro en Antón Martín) y los pistachos salieron a un precio razonable. De esa manera abandonamos Changchun, sin sospechar siquiera las aventuras que aún nos esperaban.

2 comentarios:

eLiSeJa dijo...

Jajajajajaja, agujeros de mordor, si te contara que hay cosas peores allí XDDDDDD ¡sí! las hay... vamos, que a veces te apetece más salir al campo a desahogarse que meterse en uno de estos baños públicos XD

Por cierto, qué raro que no os cebaran... eso es que eran unos ratas de verdad (aunque allí las ratas son animales sabios y casi bien vistos XD). A mí los primeros días casi me estalla el estómago, sentía como si me estuviera creciendo un alien dentro, porque se me ocurrió ir a visitar a la familia de un amigo y no me paraban de insistir: 你吃! 你吃! y en fin... -_-

Y luego en verano (que es cuando estuve yo), no pidas agua fresca, que es sacrilegio, tómate tu 啤酒, pero sobre todo emborráchate a chupitazo fino con toda la familia, que para eso eres el invitado XD

Perri el Sucio dijo...

No no, si nos intentaban cebar, pero ya vimos que sentar a españoles y austriacos en la misma mesa era un desastre. En el futuro nos lo montamos mejor y pudimos comer hasta reventar.