29 enero 2010

Las locas locas aventuras de la máquina de hamburguesas: China

Desde la última vez que escribí aquí ya ha llovido, y sobre todo nevado. Coñas aparte. Si el calentamiento global no se molestó en venir este invierno, ya que se ahorre el esfuerzo que no le necesitamos.

Explicar cómo un tipo como yo, aparentemente esbirro del capital yanki, consigue terminar el semestre en Wet Virginia y estar 5 días después en Pekín sería desvelar los entresijos del funcionamiento del KGB, así que nos ahorraremos esos detalles.

Como fuera, este viaje ha supuesto muchos "retornos" para moi:
-Retorno a los bolos.
-Retorno a una orquesta.
-Retorno a la vida encuentril (giril en este caso) con viejos colegas (y no tanto).
-Retorno a las reivindicaciones, aunque sin Luigi no era igual.

El viaje comenzó técnicamente el 17 de diciembre en Pittsburgh, parando en Philly, en casita para comer con los papis un rato, y luego a Palma de Mallorca, y de ahí llegué a Graz el 18 por la noche. Tras una curiosa anécdota sobre lo jodido que es ser torpe apuntando teléfonos que casi consigue que me tuvieran que amputar los pies, me reúno con el clan español en un bar donde los camareros aún no habían logrado echarnos. Aunque sí habían cerrado la cocina. Así, comenzó un gran fin de semana, de boleamiento según la escuela más clásica. Pero se merece un comentario propio.

Pronto, todo un especial sobre la gira de China.

pd. Más sobre La máquina de hamburguesas.

pd2. El odio ha vuelto, camaradas. Lleva días pidiéndome un blog para salir de mi interior.
pd3. Gracias al camarada Johannes por la foto. Las mías están en algún rincón de lo que queda de mi disco duro.

1 comentario:

Despotrikator dijo...

Supongo que sabrás que el cartelito del cubo es para que no eches ni una puto colilla en los putos retretes chinos de agujero minúsculo que se atrancan con mirarlos. Desde luego China no será una gran potencia hasta que los chinos caguen como los hombres de verdad... Un abrazo