30 enero 2010

China II: no hay chinas (hoy)

Entre miniatura y miniatura del buen Jäger, terminamos llegando al aeropuerto de Munich. No puede haber mejor lugar para hacer el calentamiento para viajar a China, puesto que no debemos olvidar que, una vez que ya no hay que disimular para dejar mal a la RDA, Alemania Federal es un país donde además de que hay 2 partidos políticos prohibidos (Y todo lo que se medio parezca a ellos), las llamadas de teléfono no se consideran privadas, y han intentado poner sistemas de cámaras en la calle con reconocimiento facial, para saber dónde anda cada uno en cada momento. Lo único que les permite seguir presumiendo de derechos humanos es que ellos fracasaron en el intento, y los chinos no (sólo que no tienen pasta para ponerlo por ahí).

En fin, después de esperar en una cola larga como un día sin pan, viendo a otra boloorquesta que viajaba en primera clase, nos montamos en un flamante A340 de Lufthansa. Comparado con volar con USairways, esto era un puto rolls royce. Como éramos una orquesta, por supuesto, pronto aprendimos las auténticas virtudes germánicas y nos aprovechamos de ellas. Dicho de otra forma, si no agotamos el alcohol a bordo, cerca nos quedamos. Desde aquí quiero mandar un mensaje a todas las aerolíneas estadounidenses para comentarlo:

Acho tíos, tendréis mu wena selección de películas, pero cobrar 5 o más dólares por una puta mierda de lata de Heineken o Budweiser es un puto timo de mierda. Qué conveniente que por "seguridad" no pueda meterme las litronas de casa en el avión. Aprended de Lufthansa y servid tercios de Warsteiner como dios manda.


Pero de las aerolíneas yankis hablaremos en otro momento, que son pa echarles de comer aparte. Lo que sí es cierto es que la compañía aérea fundada por Hermann Göring con la bendición del Führer no estuvo especialmente fina eligiendo la programación para las pantallitas. Dicho de otra forma, era bastante mierdosa. Al menos pude ver up en mexicano (guay), y a la vuelta la peli de las cobayas asesinas (el nombre real es G-Force, o fuersa G en cuchibamba). Tremendamente mala, pero lo peor de todo es que seguía siendo mejor que misión imposible.

En definitiva, el fallo mayor fue no llevarme la almohada del avión, porque con ella podría haber salvado más vidas que Schindler con su anillo. Pero uno era joven e inocente en aquellos tiempos.

Mientras tanto sobrevolamos Minsk, Tver, (cerca de) Ekaterimburg, Novisibirsk, (cerca de) Irkutsk y Ulan Bator. El amanecer nos pilló en los páram... digo, bellas praderas de Mongolia, que para hacernos una idea era un montón de nieve y alguna ristra de montañas entre medio a ratos. Sólo cerca de Ulan Bator se vio algún signo de civilización. Alguno como campo cultivado enterrado en nieve. Más tarde vimos la gran muralla trepando por las montañas que separaban la gran China de los bárbaros mongoles del norte. En efecto el paisaje cambiaba radicalmente al sur: de un páramo de nieve y montañas, pasamos a uno de polvo y montañas, y a medida que nos acercamos a Pekín, mierda y llanuras.

El aeropuerto de Pekín, entre una bruma color mierdoso (que aparecerá a menudo en nuestro relato), fue un primer aviso de que nos acercábamos al país que Freud siempre hubiera querido visitar: SI TIENES UN PENE NORMAL NO HACES UN AEROPUERTO TAN JODIDAMENTE INMENSO. Por lo general todo en china menos los chinos, los desagües del baño y los automóviles sigue la norma.

Una vez en "la cosa" esa, resulta que cada país tiene sus manías para acojonar. En China, es la fiebre. Así que tienes que pasar por una cosa que es una especie de como termómetro o algo así. En la práctica, dice números al azar, y cada rato paran a alguien y lo auscultan un poco y tal. Es cierto que los chinos se pasan un poco con lo de los controles aleatorios: cantan mucho. A Blanca le tocó. Nosotros ya estábamos mosqueados a ver si iba a desaparecer y nos la íbamos a encontrar en la comida, pero al final todo fue bien.

Una vez pasada la aduana, aquello era una feria. La sensación de agobio en aquel aeropuerto me podía. Alguien dirá que si tanto odio a la gente cómo se me ocurre ir a china... en fin, cosas que pasan. Pero en serio, los chinos agobian.

Teníamos que subir en ascensor con los carritos con las maletas. Para salir por otra planta. Hasta que la concertino no me indicó cómo se hacía en china, mis intentos de subir al ascensor fracasaron: simplemente, cuando se abre la puerta, entras empujando a todo lo que se mueva, sin esperar a que salga nadie, y por supuesto, codazo a la vieja que intenta colarse por una esquina. El sistema funcionó (tendría oportunidad de practicarlo a menudo durante esas 2 semanas) y pudimos salir del aeropuerto.

La estación de Pekín, en un alegre y soleado día en la capital

A continuación, Pekín, restaurante, la Hauptbahnhof, edificio de típico estilo clasicismo soviético, abarrotado. Para entrar al andén tuvimos que esperar un rato largo, de pie, haciendo fila, y en una cola china, o sea, que tenías que dar codazos para que no se te colaran. El concepto de que los asientos están numerados no les cabe en la cabeza. El olor, además, era indescriptible. Al parecer venía de algo que pretendía ser comida y que hacían allí en un puesto. Cuando por fin se abrió la puerta, resulta que entramos sin billete. ¿Cómo eso? El manager, de aquí en adelante El Pelucas, le dijo al del torno que todos los que teníamos cara rara íbamos en su grupo, y así pasamos, por nuestra cara bonita literalmente. En efecto, en China se nota de lejos que eres extranjero.


Tras conocer de primera mano el caos para montarnos en el tren (ni nos habían dicho a qué vagón debíamos ir), por fin tomamos posesión de nuestro coche de primera clase, y lo pusimos como una caravana de gitanos con todos nuestros trastos. Nosotros nos apropiamos debidamente una mesa, para poder conocer las maravillas del kiriki, que Charlie y Max querían descubrirnos, y de esta manera dejamos Pekín, para irnos a tomar por saco. Así, salimos en el CRH, que viene a ser un cruce de AVE y talgo, para la que sería la primera etapa de nuestra gira de la muerte: Changchun

4 comentarios:

eLiSeJa dijo...

Arrrg... la gente, y el olor de la comida (cierta comida, que supuestamente a ellos les huele bien - segun mi amigo chino).

Pero sobre todo la cantidad de gente... ¡qué agobio! -_- Es una de las cosas que le decía a Dani, pero es que a él le gustan los mogollones y no lo entiende... -_-

Cuando llevaba más de 1 mes allí era de lo que, sin duda, más harta estaba, la gente se te cruza como le sale de ahí, las no-colas, los coches pitando sin parar y amagando para atropellarte...... en fin *o* al final me convertí una de ellas, cabreada por el metro y dando codazos entre la multitud XD

Anónimo dijo...

Jejejjee!!!

Fué en ese tren donde acabamos con las existencias del Bar?

Me cuesta descifrar los recuerdos... ocultos tras los vapores etílicos.

Perri el Sucio dijo...

pronto, pronto, mis pequeños drugos. Adelanto que el plan de la obra es hacer un artículo por ciudad. Dicho de otra forma, hay china pa rato.

Daniel dijo...

Perri. Mira a ver is puedes hacernos algo de publi en tu blog. Se agardecería. Yeeeeejaaa!!