21 agosto 2009

El misticismo continúa

Cuando éramos todos jóvenes, guapos y teníamos el futuro a nuestros pies, y este blog era la mayor esperanza intelectual de nuestro país, allá por el brillante 2006, hablábamos aquí de lo que eran las vacaciones para místicos. Todo cambia, y muchas cosas se han perdido, pero otras permanecen. Este año, concretamente, al ser las vacances aún más cortas, las dosis de misticismo se han disparado. Desde el primer día que amanecimos aquí, venga rituales, uno detrás de otro. Y sinceramente. Los chiítas locos de Irak no se lo pasaron tan bien cuando les dejaron salir a la calle a pegarse espadazos para celebrar sus verbenas como yo corriendo hacia el agua.

Este año, a falta de mar en Morgantown WV o en Bucarest del Henares, Nos hemos hecho adictos a la piscina. Quizás por eso, el impacto al reencontrarme con el dios Océano se ha notado más. No sólo tiene agua, sino que tiene agua y no es la piscina. De hecho, no se parece para nada a la piscina.

Hay muchas diferencias: la arenita y que no haya bordillo, intenta nadar en el mar igual que en la piscina y verás, y el agua tiene otro olor, otro sabor, otro color y muchos peces correteando por ahí. Pero la diferencia más importante, y la que explica el misticismo, es que el mar está vivo.

Es increíble, después de haberte tirado tantas veces al agua, llegar a la orilla, correr hacia dentro talibanamente, y sentir cómo el agua primero te atasca los pies, luego te empuja hacia atrás y delante, y finalmente te toma en sus manos. Y ahí, es cuando te reencuentras con los dioses del mar. Un rato dejando que te muevan a su antojo, o intenta patalear, o irte a bucear un rato, o simplemente esperar a una ola grande y dejar que te revuelva como un saco viejo...

Por otro lado, hacía varios años que no me encontraba con el Señor Mediterráneo, que es como el de síndrome de Diógenes de los mares. Los malagueños, o al menos los del barrio que estábamos nosotros, al revés. No son mancos regalando mierda. Sin embargo, quiso Alá que pilláramos un día de bandera roja. Lo mejor que ha pasado en mucho tiempo... Y para celebrarlo brindamos en la plataforma con Almirante Miel. No podrá quejarse.

Cada vez que me tumbo en la cama me imagino que todavía estoy ahí dentro y me mueve y me lleva, y no tengo que preocuparme de nada...