23 mayo 2009

Las locas aventuras del garrafón: Casco Oscuro.

Mientras toda la humanidad vaga desorientada por las calles, a la búsqueda de armas, mascarillas de cartón y combustible que atesorar en su guarida, esperando el inminente fin del mundo, los verdaderos horrores corroen lo que queda de nuestra sociedad escarbando en la oscuridad, bajo nuestros pies, sin que el común de los mortales se dé cuenta, o al menos haga como que se da cuenta.

Pero hemos venido aquí a desenmascarar al enemigo, y yo, hermanos, os diré quién es el culpable oculto. Y es que la prensa anda histérica diciéndonos cada día cuánta gente se ha muerto de gripe gorrina, pero no hay ni una sola estadística que nos diga a cuánta gente ha matado el garrafón.

-Pero, el garrafón no mata a nadie, hombre de dios.


Mira, es cierto que superada la época de vender metanol casero a los primos, y si no zurras a nadie con la frasca, el garrafón en sí no tiene por qué hacer que nadie se muera. Tampoco el cigarrillo te ataca ni te muerde. Pero pensemos por un momento en esas noches que terminan en peleas, en gente abrazada a un wc, en gente con la mirada vacía como si viniera de ser gaseada en el Somne, en el típico que dice "que sí que puedo conducir ostia" y no es verdad, pensemos en fin, en tantas y tantas víctimas de la noche. Muchos no caerán ese día, pero ya llevarán el virus dentro, y eso, como la bilisrubina, no lo quita la aspirina. Por no hablar de las ganas de poner fin al sufrimiento como sea a la mañana siguiente.

Y sin duda, uno de los mayores promotores de toda esta sangría, que condena a nuestro país a quedarse eternamente en patria de peones de albañil y camareros, es el garrafón. Denunciémoslo sin miedo. Basta de eso de "el garrafón es una leyenda urbana". Mira, si tú no estás rellenando las botellas, entonces el que distribuye te está vendiendo matarratas con otra etiqueta, no me jodas. No hay que ser un jodido gourmet para percibir la diferencia entre lo que te sirven en un garito y en otro. En serio. Yo sé que hay mucha confianza puesta en la falta de paladar del personal a ciertas horas, pero no me jodas. Por supuesto la solución que proponen los que están en el ajo, es dar todos mierda, para que no notemos la diferencia... En fin, cada tonto con su tema para variar.

Lo sangrante de todo esto no es la existencia del temido garrafón. Lo conocemos, hemos crecido con él, es como de la familia casi. Pero una cosa es que te den basura cuando te dan un litro de cubata a 4 erios en una verbena, que semos adultos y sabemos ande nos metemos, y otra muy diferente que tú vayas con todo tu vacío existencial a la barra, y una señorita ligera de ropa te sonría mientras te dice "son 7 euros". Posiblemente la misma sonrisa le valdría para decirte "tienes un cáncer terminal". Porque bueno, a lo mejor es cierto que como vengo de la selva me parece que no hace gracia que te cobren 7 erios por un cubata, pero ya sólo con acercarlo a la nariz pude notar que, joder, me estáis vendiendo "algo" por mil y pico pelas, como si fuera la ostia en vinagre, y quizás lleve vinagre, pero para decir que eso es ginebra hay que ser imaginativos.

-Bueno, mucho quejarte del garrafón, pero al final entra igual que lo demás.


Al menos eso me consuela pensar normalmente. Pero esta vez no hubo puta manera. Lo juro. Intenté beber como si nada. Intenté hacerlo como quien no quiere la cosa. Lo intenté a sorbitos y a sorbetones, pero que si quieres arroz. No había vaciado un tercio del vaso cuando ya empecé a notar un malestar general por todo el puto cuerpo. Cuando iba por la mitad, me empezaba a sentir como si cada "pum" del reggeton fuera una colleja dada por un latinkin (nota aclaratoria: no había ningún latinkin en el garito). Al kedar un cuarto de copa, empecé a soltarla en cualquier lado con la esperanza de que un camarero avaricioso se la llevara, hasta que finalmente pasó. Sin embargo, lejos de lo que yo pensaba, esa hijaeputa copa no había terminado, no. Ya la llevaba dentro, y lo peor estaba aún por llegar.

En serio, gente, decid NO al garrafón. Y yo os digo, cuando vayáis al Casco Oscuro, procurad no pedir un gintonic. No mola.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Si, el garrafón es la cabeza visible de este complot... uno de los horrores de nuestro siglo XXI... Pero la culpa de que cada vez tengamos que jodernos más y más y porque las opciones son: "garrafón" o "nada" la tiene la ley ANTI-BOTELLÓN, que no beneficia una mierda a los vecinos, pero si a los propietarios de los "pafetos"

Fergu.

Perri el Sucio dijo...

Sin embargo camarada Ferguson, hay aldeas de irreductibles borrachos por todas partes, y venceremos con la ayuda del ron miel Almirante.