15 febrero 2009

La pulisía te está extorsionando...

Hace ya un mes, mis queridos mangurrianes, un mes, estaba yo tan ricamente aquí, en el nuevo y flamante Nido del Águila, departiendo por teléfono con el OKW, cuando de repente empezaron a sonar las alarmas. Como aquí en medio del frente es normal que nos bombardeen, me lo tomé con pachorra y salí a la escalera a ver qué pasaba. Cuando asomé la cabeza, me sentí como la jodida Angelina Jolie, toda la escalera llena de flashes y sirenas, así que volví a entrar, avisé al alto mando, que recomendó evacuar la posición, y me puse unos zapatos y el abrigo, cogí el violín y me bajé a la calle.

Lo bonito de vivir enfrente de la policía es que no tienes que llamarla: si la alarma es lo bastante molesta acaban por venir ellos solos, así que nos ahorramos el trabajo. Los señores maderos, que aquí en Morgantown tienen más bigote y menos anfetas que en otros lugares del país (con lo que parecen un poco como guardias civiles de negro) subieron a la casa buscando el fuego, y mientras aproveché para saludar a mis vecinos, que son como ratas y la única manera de verles el careto parece que es meter fuego a la madriguera.

Total, que en esto llegan los bomberos. En España me dirás tú cuándo hay un incendio que ni se ve humo por ningún sitio, y llegan 3 camiones 3 de bomberos. Desde luego, se nota que aquí tienen Jolibud, y allí tenemos cine español... Total, que por fin apareció la causa del "incendio": habían reventado las jodidas tuberías, y un local del bajo se había convertido de repente en un spa con gas (en el aire) entrañable. ¿La causa? Pues ahora mismo se barajan 3 causas principales:
-La primera, que haya sido Al Qaeda y compañía.
-La segunda, que haya sido el servicio secreto, por orden de Sadam Hussein Osama, por orden de sus amigos de Al Qaeda.
-La tercera, que la combinación de caldera de calefacción a carajo sacado con 20 grados bajo cero en la calle y una instalación de los tiempos en que no había comida para microondas haya sido un caldo de Oparin cojonudo para la explosión de las tuberías.

Sin embargo el gobierno federal desea recordarles que esta última teoría es sólo una teoría (en el sentido de cuando tus colegas dicen que tienen una teoría sobre la delantera de las pacenses), que hay otras maneras de ver el origen de la vida, y que negar las hipótesis anteriores implica ser amigo de los terroristas, enemigo de la democracia, y en definitiva, tener muchas papeletas para ir a visitar un complejo turístico de la CIA en Rumanía con billete de ida (porque los demócratas lo joden todo y se ha terminado el pitorreo de Guantánamo).

En todo caso, nos surgió entonces un curioso problema, y es que aquí en la tierra de las libertades, todos los bloques de apartamentos tienen por real decreto aspersores contra incendios. Y como las tuberías que alimentan el nuestro habían muerto, no funcionaba. Entonces resulta que la policía, democráticamente y siguiendo la ley etc. precintó la casa como "en ruina". Al parecer si yo no tengo miedo al fuego y quiero pasar un par de días sin aspersores eso es antidemocrático y feo. Y no será desde luego porque si me pasa algo tengan que pagarme el hospital los contribuyentes....

En resumen, que con jodidos 20 gradacos bajo cero, y homeless gracias a nuestros amigos los maderos. Esa noche fui acogido por mis antiguos compis de piso, ya que la universidad nos dejó un cubil para subsistir mientras tanto, pero en el culo de Morgantown (que ya sabemos que está en el culo de WV, que está en el culo de Yankilandia, que está en el culo del mundo).

A la mañana siguiente, a fin de hacer habitable el tal cubil, comenzó la Operación Ciudadela, a fin de retomar el Nido el tiempo suficiente para evacuar material de campaña indispensable para proseguir las operaciones. Los obstáculos no podían ser más evidentes: una jodida comisaría de policía americana delante de la puta puerta de casa. Recordemos que en la puerta del bloque había un cartel advirtiendo de cómo de gordo era el delito de entrar allí. Y cuando llego, encima dos coches en la puerta, con sus correspondientes comedores de donuts.

Así que como buen agente secreto, simulé estar dando un paseo, hasta que vi que por fin arrancaban, volví y sigilosamente me interné en el edificio. Estando deshabitado y oficialmente "en ruina", podía hacerme la ilusión de estar entrando en una antigua tumba de un faraón, y esperaba que alguna momia saliera por la puerta de un apartamento. Mientras metía cosillas en la mochila, miraba sigilosamente cual espía entre las cortinas, para darme ambiente y tal, recordando El día del Chacal (la buena, no la de Bruce Willis).

Más acojones pasé al ir a salir, porque claro, desde dentro uno no puede ver si estará la madera fuera tomando sus donuts mientras me ven retirarme, ya con todo el equipo de campaña abandonando la posición. Tomé aire, bajé y no hubo nada. Al día siguiente ya había agua y todo, y pudimos retomar nuestras posesiones.

Sin embargo, ese sábado, después de nuestra incursión, fueron los partisanos paraguayos los que ocuparon la posición, manteniendo habitado el Nido del Águila toda la noche hasta que a la mañana llegó el relevo (o sea, el señor de los aspersores primero, y moi después), todo esto con poquitas luces y menos ruido, viviendo ilegalmente en las narices de la poli, pero eso es otra historia...