12 mayo 2008

¡Arded malditos!

El año 391 el patriarca cristiano de Alejandría, tras pedir permiso al simpático emperador Teodosio, decidió ponerse al frente de una turba de cristianos y arrasar el edificio de la Biblioteca (el Serapeo). Lo demolieron y en el lugar hicieron una iglesia. La tradición atribuye esta proeza al Califa Omar, allá por el 620 más o menos. Por desgracia, el amigo Omar, autor de esta mítica frase,

En cuanto a los libros a que te refieres, si son contrarios a la doctrina del Corán, deben ser destruidos. Si por el contrario son coincidentes con la doctrina del Corán, son innecesarios, y por tanto deben ser destruidos.

sólo llegó a las migajas que había dejado en su momento el amigo Teófilo el patriarca. Y en realidad posiblemente ni eso, ya que esto tiene todos los visos de ser históricamente poco fiable, o más bien falso: otra leyenda de los cristianos que echan la culpa a otro, en este caso un moro oportuno, de sus propias judiadas (entiéndase judiada como derribarle la casa a uno para acojonar mientras el mundo te aplaude).

Volviendo a nuestro momento favorito, que fue esa manifestación del amigo Teófilo llevó a la biblioteca ("por el sectarismo y contra la cultura"), posiblemente es uno de los momentos de la historia que mejor expresa lo que llega a ser el saber cuando se encierra en un edificio: la gente de la ciudad debía realmente de tenerle mucha tirria cuando de un tirón lo saquearon y derribaron, aparte de lo que quisiera dios. Es normal.

La biblioteca representaba no sólo parte de esa cuña griega en Egipto que fue el museo, sino que además sus sabios vivían de puta madre haciendo como que hacían mientras los gobernantes exprimían a impuestos a la gente normal para pagar esas paveces.

Cuentan sin embargo, que como esta sutil maniobra del clero llevó tramites de un par de años, los responsables de la biblioteca tuvieron tiempo para poner a salvo gran parte de los libros.

Resulta entonces posible pensar que algún joven trabajador de la biblioteca, enviado allí con esfuerzo por su familia para que aprovechara bien su cabeza convirtiéndose en todo un sabio alejandrino, harto de ver cómo todos los paletos cristianos de la ciudad le miraban mal por la calle, mientras él tiraba los mejores años de su vida sirviendo a vejestorios petulantes entre polvo de papiros y tufos de pergamino, se tomara su pequeña venganza. Bastaba con ofrecerse voluntario para salvar todos los libros que estaba estudiando. En particular ese tan gordo y que todos reverenciaban tanto, pero que sólo mostraba que su autor no había salido del Serapeo en toda su vida. No veía el momento de dejarlo caer en un descuido y que los amigos de Cristo practicaran su "caridad" con él... Con ese y unos pocos miles más, si fuera posible.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Tío, gracias a mi vergonzosa incultura general (la cual incluye por supuesto un completo desconocimiento de la Historia) no me entero de qué coño va este post... Me harías un gran favor si me lo explicas en plan bien, contando primero los hechos de forma ordenada y luego iluminándolos con tu versión del asunto, para acabar con uno de tus "me cago en vuestra puta calavera" o algo así.

Gracias.

Anónimo dijo...

Corrijo: creo que los hechos históricos los entiendo, pero no todo lo demás. xD

De todas formas mantengo mi slicitud de un poco de "ilustración".

Perri el Sucio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.