22 marzo 2008

Viaje a Bruselas: hamburguesas abstenerse

Ha tardado, pero por fin está aquí. El increíble documento sobre el pequeño viaje que Nos hicimos a la capital de Europa, allá por el 20 y tantos de febrero. Algunos se preguntarán cómo coño he podido tardar un mes en hacer esta basura, pero la culpa de todo la tiene mi fiel motorrulas, que cada vez que lo conecto al ordenador tengo que instalarle de nuevo los drivers. Una muestra más de la decadencia de la tecnología.

Pero la tecnología no sólo decae así. Hace 40 años, nuestros padres, jóvenes y (más o menos) inocentes, viajaban en autobuses chiquitajos, con forma de supositorio y donde iban todos apiñados, esperando que se pinchara una rueda o fallaran los frenos. Hoy, nosotros poco a poco también podemos acercarnos a ese ideal, gracias a las compañías aéreas de bajo coste: el secreto para bajar precios está en descontar la comodidad y la dignidad (lo que después de que un segurata rumano de meta mano ya tampoco valía para gran cosa de todas formas).

La fragoneta del siglo XXI.


Y a pesar de todo, lo de viajar cutremente con los asientos sin numerar, tiene una ventaja inesperada: cuando los asientos están numerados, TODAS las compañías aéreas me mandan automáticamente al peor sitio del avión, el más alejado de entradas y salidas y más cercano posible a gordos sudorosos. Pero, ¡oh amigos! cuando se deja a la democracia la elección del asiento, el pueblo, por sí mismo, cual si de elecciones se tratara, rapiña rabiosamente los asientos peor situados y más incómodos (que es como votar a la Espe), dejando para moi las ventanillas en las filas de delante (las que normalmente son primera clase en un avión normal). ¡Y sin tener que esforzarme!


La ciudad de los niños perdidos.

Sobre el viaje en sí, ¿qué decir? Que Bruselas es un encantador poblachón de color gris y aire un poco postapocalíptico (los túneles del tranvía), que mis anfitriones fueron gente majísima que hasta aguantaron el tipo cuando me puse a barnizarles el parqué con bilis, que sobre esa noche mejor no mencionar nada, y que los belgas son sin duda los reyes de la comida basura y la cerveza en botellas de 75. La verdad es que no me apetece contar mucho de lo que hice por allí, salvo que estuve en la ópera como la gente bien, que shirly mola y que la metralleta está bien pero empalaga un poco. En general buen país para ir de bocatas y birras.
Sexo en Bruselas: la postura flamenco - valona.


¿Conclusiones? Bueno, es verdad el mito de que a los españoles nos encanta hacer cola. Por ejemplo, en el aeropuerto de Charleroi, hay dos puertas para pasar el control, una tiene una cola enorme, la otra vacía. Bien, pues llegamos los del avión de los españoles, y todos compulsivamente a la que tiene cola, hasta que un buen hombre de allí nos obligó a dividir la fila y que unos pocos se fueran pal otro lao. Igualmente, como habéis visto en la foto, en Charleroi tienes que pasear por la pista para subir al avión, y aquella mañana llovía como su puta madre. Su puta madre no llovía mucho, sino que llovía con mucho frío y un viento fortísimo. Pues yo, que soy simple, llego a la puerta de la terminal y veo que llueve y que hay cola en la puerta del avión. Así que me paro en seco, razonando, "idea astuta, espera a que la cola entre en el avión, y entonces cruzo la pista corriendo y me meto sin mojarme mucho". Pero yo no contaba con que los españoles, entre ponerse detrás de mí, solo en la puerta, o detrás de 12 individuos en la puerta del avión a la intemperie, sin dudarlo elegían la cola de 12 personas, así que viendo que la cola sólo iba a crecer y crecer, me tocó que joderme y plantarme allí entre esos gañanes pasando frío y dando golpes.

¿Y por qué golpes? Pues porque si el español, heredero de los tercios, va a Flandes a desfilar en formación, el belga, heredero de esa gente que pensaba que los españoles eran una gentuza sin ningún instinto comercial y bruta, se limita a esperar cualquier brecha en la formación para infiltrarse. Es decir, al final hace la misma cola que el español, pero da por culo un rato. Razón de más para dar codazos a quien te toca. Así aprenden a dejarme espacio vital. Luego están los moros que viven en Bélgica, que son como superbelgas, y se intentan colar con los 3 críos, el carrito del bebé y la bolsa - maleta esa de plástico a cuadritos, como quien va a las rebajas, a la carrera, y por cualquier hueco mínimo. Me imagino que el tráfico en el Cairo es lo que pasa cuando juntas a muchos de estos.

Y de momento, esto es todo amigos. Pronto mucho más y mejor (o algo) sobre temas que no tengan tanto que ver con la realidad sobria de la vida.

No hay comentarios: