08 octubre 2007

Tu pelo te distingue

Uno oye tanto ciertas cosas, que termina por ignorarlas completamente. Pero hay otras a las que es incapaz de acostumbrarse.

Una característica muy propia del capitalismo es la de pretender que toda actividad humana debe reportar un beneficio económico, y a ser posible para los mismos de siempre: si pones un disco, paga, si sacas un libro de la biblioteca, paga, si te has tomado 3 cubatas, paga (esto no!), y ahora también hay gente a la que le parece inmoral que cosas como la sanidad o la educación no hagan rico a nadie.

Llevado hasta el extremo, es lógico que Durex (r) se lucre cuando practicas sexo, que esta u otra mafia te cobre dinero por el derecho a seguir vivo, y así hasta el absurdo. Y el absurdo llega un día mientras estás tomando un yogur ante la tele en forma de:

"Tu pelo te distingue, te hace especial, marca tu personalidad, bla bla bla..." Dicho de otra manera, si no pagas a tal marca de champú, no eres especial. Vuelve al rebaño, rata.

Pero las implicaciones van más allá del hecho de que unos señores suizos quieran que les compres su champú (que por otro lado reconozco que no está nada mal). El hecho es que ellos son sólo los últimos en decir algo así. Antes vinieron los que decían que "no es tu pelo, no es tu ropa, no son tus zapatos, (...) es tu reloj" lo que te hace diferente, y ellos contestaban a cientos y miles que han dicho paridas de este tipo no sólo en los anuncios, sino incluso en la calle.

Lo cierto es que desde que hace décadas la industria textil permitió la variedad en la producción en masa, todo el mundo nos ha intentado convencer de que necesitamos definirnos por nuestras pintas. La cuestión es ¿qué encaja más con mi manera de ser? Esta pregunta ha llegado incluso al catálogo del Ikea, y hoy en día todo el mundo está convencido de que uno es su apariencia. No es que la primera impresión cuente, es que sencillamente es lo único.

Y la cosa no es si eliges ducharte todos los días o llevar un rebaño de piojos, o si te gusta más tal o cual color. Se trata de que elijas una "estética" con la que te "identifiques". De ahí inventos que harían sonrojarse a cualquier tonto del pueblo como lo de las "tribus urbanas", que en mil revistas han aparecido definidas, como si el hecho de que a una gente le dé por vestirse así o asá los dotara de un carácter uniforme. Los pelos, por supuesto, cuentan como parte del uniforme.

Y una pregunta, ¿si nos hubieran hecho ir a todos uniformados hasta el instituto, seguiríamos con lo mismo, o nos habríamos dado un poco de cuenta de que lo que nos distingue no está a la venta en Pull&bear o en breska? Desgraciadamente, y en una sociedad en la que incluso los "antisociales" están también uniformados y patrocinados por alguna empresa textil (y discográfica, y de cuántas cosas más) no podría faltarnos esta borreguería, si todos tuviéramos que salir a la calle tapados con un saco, que decir que lo que nos hace hacer quien somos, distintos del montón, es nuestra mochila o nuestros calcetines.

Al fin y al cabo, es mucho más fácil. ¿Para qué vas a cansarte en desafiar al mundo si puedes ponerte una cresta, o para qué esforzarte trabajando si te puedes comprar los pantalones ya rotos?

Al fin y al cabo, lo de dentro es serrín y lo de fuera mirada de besugo. Parece que en eso sí avanzamos hacia la igualdad.

3 comentarios:

david dijo...

Bravo.

Anónimo dijo...

qué razón tienes canalla

eLiSeJa dijo...

Aish... no me saques el tema, que luego me entran ganas de hacer ensalada de pepinos (y otras cosas... xD).