17 octubre 2007

День нашей нации (Nuestro día nacional)

Con ocasión el otro día del Pilar, y de paso, del Día de la Hispanidad (conocido en otros tiempos como Día de la Raza, lo que sonaba mucho más a jamón y menos a Enrique Iglesias), en nuestro país se ha planteado un debate de lo más cómico.

Por un lado, ese gran Don Pimpón mediático que es Rajoy, apareció en un vídeo bastante ridículo animando a la gente "a celebrar el día con algún gesto". Supongo que se referiría a llenar los bares a mediodía para arrasar con vino, cerveza y vermouth mientras se escupen huesos de aceituna. Porque aparte de eso y especular con el suelo, ahora mismo hay pocas cosas más que tengamos en común todos en este país.

El caso es que si Rajoy quería apropiarse de la fiesta, lo consiguió. Los días siguientes, cientos de opiniones "de izquierda" salieron por todas partes hablando de lo absurdo que es celebrar un día nacional. Que es cutre y pobre. Vi argumentos como que "la celebración de ser español, o hispano en general, implica que los pueblos que no lo son deben chincharse porque no tienen esa fortuna", o "ser español no es algo que me haya costado ningún trabajo, por lo que es estúpido estar orgulloso de ello. Sí sería razón de orgullo el hecho de que he aprendido a tocar algo la guitarra o a manejar tal o cual código". Y cito sólo los más currados.

Pero no estoy en absoluto de acuerdo. En primer lugar, yo no soy como decía ayer Carod-Rovira "nacionalista español, que son los más peligrosos". Simplemente da la casualidad que soy de aquí. Y aunque todos veréis que echo pestes de todo lo que no me gusta de mi país como el que más (y no son pocas cosas), no tengo ningún trauma especial que me haga renegar de mi país, no tengo el complejo de inferioridad que tiene aquí mucho hintelectual, que les hace decir que todo sabe mejor hecho fuera de España, y sencillamente creo que es un país más de los más de 150 que hay en el mundo.

Y citando otra vez al amigo José Luis (sí, José Luis, y no Josep Lluís, porque así te pondría tu familia que es aragonesa, y porque por más que os empeñéis no hacéis hiato entre la u y la i), a mí no me molesta lo más mínimo que cualquier europeo o hispanoamericano o de donde sea no tenga el menor interés en España. A veces no puedes importarle a todo el mundo, y a veces ni siquiera a la persona que queremos importar. Qué le vamos a hacer, el amor es así.

Partiendo de esta base, tengo que decir que yo no celebré nada especial ese día. Ni estuve en el desfile, ni hice ninguna fiesta en particular. Pero sí me parece que celebrar el descubrimiento de América, por mucho que chinche a la hagiografía británica y francesa, es una celebración bonita, y que resume bien la esencia de lo que ha llegado a hacer que más de 200 millones de personas en medio mundo tengamos tanto en común por diferentes que seamos. Es mucho más humano celebrar eso (por mucho que implique muchas injusticias, muchos crímenes, muchas guerras y abusos, que al fin y al cabo son también cosas humanas), que celebrar que colgaron a un tipo que decía ser el dios del amor de un madero, y aún más friki, que resucitó un par de días después, o un montón de fiestas más que en el mejor de los casos son aleatorias. Si alguien libre de jerseis con las mangas colgando sobre el pecho quiere celebrar este evento, y lo hace con ilusión, me parece estupendo.

Al fin y al cabo, si yo celebrara, como decía uno, las cosas que me han costado un trabajo, como haber aprendido algo de música (por cierto, eso es el 22 de noviembre o algo así), pues posiblemente sería un pedante. La gracia no es celebrar cómo molas, sino hacer un día de fiesta para celebrar que, a pesar de todo, y de la inutilidad y la corrupción y la borreguería y el Aquí hay Tomate, sientes algo por todas las personas que compartimos un origen común, ya que al fin y al cabo, y aunque te caigan mal, son tus compañeros. Y eso no es algo tan faccioso. Al fin y al cabo, lo que celebras es esa leyenda del escudo que dice "Plus Ultra", y que es lo único de él que es moderno, y no un resto de sectarismo medieval. Ese espíritu merecería una celebración mucho más ilusionada y apoteósica que el 14 de julio de Francia, que celebra un motín para arrasar una prisión, o el 4 de julio de EEUU, que conmemora unos tipos con mallas escribiendo que ya no eran ingleses. El 12 de octubre de 1492, unos tipos ex-presidiarios y aventureros, dirigidos por un timador genovés, descubrieron la mitad del planeta que nos faltaba. Y cambiaron la historia para siempre.

Resulta irónico que sólo celebren ahora el día del Pilar aquellos que creen a pies juntillas en el "Non plus Ultra". No era ese su sentido. Cuando alguien, mucho antes de Franco, habló de celebrar el "Día de la Raza", se refería a la raza, al carácter, al valor, de los descubridores. No a la de los tipos morenos con bigote franquista que cantan un himno alemán que traducido dice "Cara al sol...". Esos no han descubierto nada ni lo harán nunca. Pero esa es la "raza" que unos celebran y otros niegan, porque en el fondo siguen traumatizados por ese concepto.

Pues vale, aquí nadie es español. Todos vinimos en platillos volantes. De planetas diferentes. ¿Así me queda más progre?

08 octubre 2007

Tu pelo te distingue

Uno oye tanto ciertas cosas, que termina por ignorarlas completamente. Pero hay otras a las que es incapaz de acostumbrarse.

Una característica muy propia del capitalismo es la de pretender que toda actividad humana debe reportar un beneficio económico, y a ser posible para los mismos de siempre: si pones un disco, paga, si sacas un libro de la biblioteca, paga, si te has tomado 3 cubatas, paga (esto no!), y ahora también hay gente a la que le parece inmoral que cosas como la sanidad o la educación no hagan rico a nadie.

Llevado hasta el extremo, es lógico que Durex (r) se lucre cuando practicas sexo, que esta u otra mafia te cobre dinero por el derecho a seguir vivo, y así hasta el absurdo. Y el absurdo llega un día mientras estás tomando un yogur ante la tele en forma de:

"Tu pelo te distingue, te hace especial, marca tu personalidad, bla bla bla..." Dicho de otra manera, si no pagas a tal marca de champú, no eres especial. Vuelve al rebaño, rata.

Pero las implicaciones van más allá del hecho de que unos señores suizos quieran que les compres su champú (que por otro lado reconozco que no está nada mal). El hecho es que ellos son sólo los últimos en decir algo así. Antes vinieron los que decían que "no es tu pelo, no es tu ropa, no son tus zapatos, (...) es tu reloj" lo que te hace diferente, y ellos contestaban a cientos y miles que han dicho paridas de este tipo no sólo en los anuncios, sino incluso en la calle.

Lo cierto es que desde que hace décadas la industria textil permitió la variedad en la producción en masa, todo el mundo nos ha intentado convencer de que necesitamos definirnos por nuestras pintas. La cuestión es ¿qué encaja más con mi manera de ser? Esta pregunta ha llegado incluso al catálogo del Ikea, y hoy en día todo el mundo está convencido de que uno es su apariencia. No es que la primera impresión cuente, es que sencillamente es lo único.

Y la cosa no es si eliges ducharte todos los días o llevar un rebaño de piojos, o si te gusta más tal o cual color. Se trata de que elijas una "estética" con la que te "identifiques". De ahí inventos que harían sonrojarse a cualquier tonto del pueblo como lo de las "tribus urbanas", que en mil revistas han aparecido definidas, como si el hecho de que a una gente le dé por vestirse así o asá los dotara de un carácter uniforme. Los pelos, por supuesto, cuentan como parte del uniforme.

Y una pregunta, ¿si nos hubieran hecho ir a todos uniformados hasta el instituto, seguiríamos con lo mismo, o nos habríamos dado un poco de cuenta de que lo que nos distingue no está a la venta en Pull&bear o en breska? Desgraciadamente, y en una sociedad en la que incluso los "antisociales" están también uniformados y patrocinados por alguna empresa textil (y discográfica, y de cuántas cosas más) no podría faltarnos esta borreguería, si todos tuviéramos que salir a la calle tapados con un saco, que decir que lo que nos hace hacer quien somos, distintos del montón, es nuestra mochila o nuestros calcetines.

Al fin y al cabo, es mucho más fácil. ¿Para qué vas a cansarte en desafiar al mundo si puedes ponerte una cresta, o para qué esforzarte trabajando si te puedes comprar los pantalones ya rotos?

Al fin y al cabo, lo de dentro es serrín y lo de fuera mirada de besugo. Parece que en eso sí avanzamos hacia la igualdad.

06 octubre 2007

JOCMA y otoño

Miro por primera vez en tiempo esta página, y me encuentro con que la última vez que alguien escribió aquí era agosto... Agosto, qué tiempos aquellos.

Pasó sin embargo que me fui el 23 de septiembre de casa, siendo aún verano, y cuando he vuelto el 30 ya es otoño. No sólo llueve, hace un tiempo "la mar de fresco", las vacaciones murieron y vuelve a estar la ciudad poblada de erasmus. Es como volver a un sitio totalmente distinto del que me fui.
De la misma manera, si hemos tocado la segunda sinfonía de Brahms, tan tierna y tan cálida, la banda sonora de estos días en casa es la 4ª (aquí una versión cutronga para quien no la tenga a mano), que es como decir otoño sin decirlo.


Y sí, ya se pasó el encuentro de la JOCMA. Emocionante. No sabía lo que era eso de ser concertino en una orquesta que no sea una merienda de negros. Y encima, a las órdenes del Orchesterführer Lütz Köhler. Tengo que decir que he recuperado la fe en la música orquestal. En tocarla, concretamente.

Después, suele ser de rigor dar las gracias a todo el mundo. Yo, personalmente, lo voy a matizar. En primer lugar, creo que todos tenemos que mejorar en el apartado festivo, que ha andado bastante flojo este encuentro. En segundo lugar, no le doy precisamente las gracias a la gente que se ha dedicado, y sin ánimo de lucro, a meter mierda entre la gente de la orquesta, y justo cuando casi siempre habla el que tendría que quedarse discretamente callado.

Y por último, pero no menos importante, no creo que le deba gran cosa a la administración de la orquesta, que básicamente son una máquina de negar cosas, y además te miran con cara de como si "qué hemos hecho mal con nuestros chicos para que sólo quieran lujos y despilfarro". Aparte, nos mienten como posesos una, otra, y otra vez, y además pretenden que les dés las gracias. Pero de eso mejor no hablar, porque no sirve de nada.

Y una vez echada la bronca, ahora sí, decir que quitadas esas cosas, me lo he pasado de puta madre, he conocido a gente cojonuda, y he pasado más tiempo con otra gente cuya cojonudez ya me era conocida. En ese sentido, enhorabuena a todos los que se den por aludidos, y espero que haya sido sólo la primera de muchas (aunque en lugares diferentes).

Por lo demás, mañana intentaré pasarme por el mercadillo medieval, a ver si hago acopio de té medieval, y pruebo unas salchichas medievales, o un secreto ibérico medieval, o algo de chocolate medieval. Pero si algo realmente medieval debe caer, que sean litros de cerveza del cielo. Prometo actualizaciones en cuanto lo examine.

Salud.