27 mayo 2007

Las locas locas aventuras de la máquina de hamburguesas: Huelva (1ª parte)

Del 16 al 19 de mayo estuve con la orquesta de Huelva. Cuando no sabes lo que es la orquesta de Huelva, la frase no te dice gran cosa. Si además te dicen que pagan bien, pues parece hasta una gran idea. Como idea no está mal. Claro que también era una gran idea la de garantizar un espacio vital para los superhombres arios puros, y miren cómo acabó la historia...

(Música de los documentales guarros de las guías pilot, esos de "reportero gracioso")
Pues bien, en esta ocasión la máquina de hambruguesas nos llevó a Huelva. Huelva es una curiosa ciudad edificada por una banda de genios (se especula sobre que si los tartésicos, los romanos, o alguna compañía "líder en turismo residencial" de la época) que se encuentra en la costa, pero quienes la fundaron pensaron que lo mejor de la costa era la desembocadura del río Odiel, en plenas marismas. Así que, básicamente, desde Huelva no se ve el mar. A un lado la marisma, al otro el río. Si quieres ir a la playa, al acantilado, o a algo que huela a mar, tienes que irte de la ciudad. Por tanto, para orientarse, plantea problemas que uno no esperaría en una ciudad costera.

Parece ser que, de manera parecida a Almería, Huelva ha sido por mucho tiempo el culo de Andalucía, con el agravante de que la cercanía de Sevilla la hacía muy dependiente, y lo peor de todo, al único sitio que se va por Huelva es a Portugal, lo que en su momento ya llevó a varios gobiernos a querer arrasar la ciudad para crear una franja de seguridad de unos 300 km. con el "país" vecino. Los onubenses, para animarse frente a esta perspectiva, han mitificado su hecho diferencial: la ocupación colonial inglesa, que se traduce en la grúa de mineral del puerto interior, una obra muy bonita y hoy medio destruida, el barrio donde vivían los ingleses, la Casa de Colón, hotel colonial inglés, y el Recreativo de Huelva, "decano del fútbol español", lo cual al parecer es un título como muy prestigioso.

Nuestra aventura, como toda peli de terror que se precie, comenzaba por tanto con una oferta de trabajo sospechosamente buena: bastante pasta por muy poco trabajo, obras ya conocidas,... Pero el alojamiento debía buscárselo cada uno. Viajamos juntos Loreto, Luisda (ahora que es alcalaíno, Luijda) y yo. Loreto había reservado habitación para esa noche en el albuergue, pero a mí no me cogían el telefon.

Cuando llegamos, lo primero que pasó fue que no teníamos nada garantizado el alojamiento. En el albergue nos decían que en 12 horas nos echarían, porque estando en plena campaña electoral, pues los albergues juveniles echan humo, con actividades juveniles como... excursiones del imserso. Para ver a Felipe González. Así que, a fin de asegurar el futuro de nuestra raza nos echamos a la calle a buscar a) pensiones b) hostales c) hoteles. El presupuesto inicial para alojamiento, y tirando la casa por la ventana, eran 150 erios, por 5 noches. Evidentemente, 30 erios por noche no es mucho dinero en el mundo del libre mercado. Si se superaba sensiblemente esa cantidad, el bolo dejaría de ser rentable.

El primer lugar donde nuestros contactos en el hampa de la ciudad nos indicaron probar suerte, era cuando menos pintoresco. No. Creo que la definición es abandonado. Era un hostal que podía llevar chapado un par de años al menos. Sólo con ver los balcones de fuera, con las plantas salvajes de las terrazas comiéndose el edificio en plan JUMANJI, y destrás unos cristales que lo único bueno que podían tener era protección solar, algo en nuestro interior nos dijo que no dormiríamos ahí. Es más, que huiríamos de aquella calle como diablos. En efecto, salimos de la calle marcha atrás.

En nuestra huida, preguntamos al melendi del barrio, que había salido a comprar huesitos, si sabía algún antro donde dormir y que por la mañana se te pegaran sólo las sábanas y no las jeringuillas. El chaval nos dio una indicación que hubiera servido para empezar una película de terror:

-Tomáis la tercera calle a la derecha, La calle R. Entonces veréis una pensión, la Pensión xxxxx. Pase lo que pase, NO ENTRÉIS EN ESA PENSIÓN. Debéis pasarla, y tras la esquina, a la izquierda, hay un hostal que no está mal. Pero recordad, NO os acerquéis a la pensión xxxxx. Si no, las consecuencias serán terribles, terribles!! JA ja ja ja ja j... - Mientras se reía se alejó por el fondo de la calle escoltado sus dos bellas concubinas perroflautas. Habíamos notado que la primera vez que pronunció las palabras "pensión xxxxx" varias persianas se habían cerrado en la calle.

Bueno, la parte de las risas malignas me la he inventado, y todo lo que va de ahí al final del párrafo, la verdad es que el chaval parecía más bien preocupado, como si hubieran intentado violarle en aquel sitio o algo. Así que nuestro comando de violinistas de la promoción de 2006 (menos Max) no podíamos evitar acercarnos al origen del peligro: la malvada pensión xxxxx. Apenas 3 minutos después estábamos en la calle R. marcha atrás. Y entonces lo vimos.

La pensión xxxxx. Cabe decir, la PUTA pensión xxxxx. Desde que he visto esa ruina, que por cierto aparece en TODAS las jodidas guías de hostales en Huelva, ya no puedo reservar una habitación sin ver la foto nunca jamás en la vida. En efecto, era un sitio donde probablemente lo mejor que se hacía era extirpar riñones a estudiantes drogados. Al menos habrían tenido que desinfectarlo para eso. El aspecto que tenía por fuera era parecido al conservatorio viejo de Badajoz, pero abandonado. Cristales rotos, persianas dobladas, la puerta abierta que conducía a una oscura escalera de caracol... Sería el mejor lugar para hacer una película de terror si no fuera porque habría que entrar. Tras hacer una reserva en el hostal de al lado, que no nos convenció mucho porque sólo tenían una habitación con el baño jodido, volvimos a encontrarnos. Con el puto xxxxx. Las cortinas que ondeaban por fuera de los trozos rotos de cristal parecían invitarnos. A saber qué habrían aprendido esas cortinas durante la Guerra Civil. Ignorando los gritos de espíritus, que atrapados entre las paredes y la capa de mugre que cubría el antro nos llamaban para que les ayudáramos, salimos marcha atrás de aquel lugar perverso y maldito, sólo pensando que lo peor de dormir en el hostal de al lado sería pasar todos los días por el sitio donde van los huelvanos malos cuando mueren.

En efecto, la búsqueda de hoteles resultó un desastre, como en toda peli de terror que se precie. En este caso, a falta de payaso de IT, la culpa era de Felipe González: había venido a dar un mitin en Huelva, y entre periodistas, trupe, fans y, como hemos dicho, el organo de la Junta que ofrece mano de obra jubilada y sumisa para las más bajas labores (como aplaudirle), era raro el hotel donde quedaba más de una habitación. Mientras tomábamos una caña fatigamos la guía de teléfonos buscando algún sitio que no pareciera un terrario del zoo. Cuando creímos que teníamos el alojamiento perfecto, en Palos, cerca de donde se quedaba el Luijda (en La Rábida, "con los pérridos"), nos topamos con una institución al parecer muy típica allí: subnormalidad aleatoria del recepcionista. Así funciona más o menos:

a) primera llamada: llamas, te atiende una persona normal. Te dice que la individual son 23 erios la noche con desayuno, que hay habitaciones. Que lo único malo es que no se puede reservar.
b) fase intermedia: deliberas, llamas a algún sitio más, te percatas de que vas a ir definitivamente a ese sitio.
c) segunda llamada: como si del flash rojo de Men in Black o del haitiano de Héroes se tratara, el mismo recepcionista de antes, pero ahora parece retrasado. No sabe qué es una habitación individual. Cuando por fin se lo explicas, te dice que no tiene para esta noche. Como para el día siguiente estás jodido y no se puede reservar, viene a ser como si dijera "si me encuentro con vosotros os robaré la pasta y me mearé en vuestras estúpidas guitarras". Lo más flipante de todo es que el hombre no recuerda ningún dato de los que dio antes. Seguro que ni siquiera recuerda la dirección del hostal. PoetaMaldito diría que había sido sin duda reemplazado por un doble vegetal de una vaina.

Con estos mimbres, y por abreviar, acabamos Loreto y yo volviendo al albergue, a lo que Dios quisiera cuando nos echaran a la mañana siguiente, y a compartir habitación, cosa que en principio estaba absolutamente descartada. Habíamos destrozado el argumento de nuestra película de terror. Lo primero que pasó es que nos dieron una habitación de 5 camas, que estaban divididas en 2 cubículos bien separados, así que incluso podíamos hacer como que teníamos dos individuales. Esa noche, dormí como un niño, pensando en cómo sería si las hamburguesas supieran a música más a menudo.