22 agosto 2006

Principio para un relato

Impresionado profundamente por la vida de David Oistraj, todas las mañanas, cuando xxxx (nombre aleatorio) se despertaba, lo primero que hacía era coger el violín y tocar algún capricho de Paganini u otro estudio. Muchas veces dormido y sin ser muy consciente de lo que hacían sus manos, su cabeza pasó a lo largo de la historia de esta costumbre por varias fases. En una primera pensaba simplemente en todo lo que podría hacer con los poderes maravillosos que tal práctica le daría. Más tarde empezó simplemente a enlazar con su sueño, imaginándose que estaba dejando patidifuso a un auditorio.

Sin embargo, últimamente su pensamiento se había ido volviendo más angustioso, hasta llegar al miedo: todas las mañanas, cuando agarraba el instrumento, sólo podía pensar en la posibilidad matemática, aunque improbable, de que igual que un día cogía el violín y podía tocarlo, un día podía coger el violín y no ser capaz de tocarlo. Esta especulación le daba un especial alivio cuando comprobaba que su habilidad seguía en su sitio, si bien durante un rato cada día seguía golpeándole la amenaza de dudar si tal idea no podría ser algo más que una tontería.

La respuesta llegó, de forma providencial, una mañana cualquiera. De repente, cogiendo el violín, se sintió igual que si tuviera una cafetera apoyada en el hombro. Mientras se iba aclarando la vista poco a poco, no era capaz de pensar con claridad qué debía hacer con semejante artilugio entre las manos...


Se aceptan comentarios, sugerencias e ideas.

No hay comentarios: